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Nunca, de manera tan patente como en los últimos años, las diferentes sociedades que pueblan la Tierra, habían vivido con la alarma con que se suceden ahora los días.
Parece que, de pronto, el mal se hubiese instalado en el devenir de los acontecimientos y no hay una sola jornada en que las agencias de noticias no deban comunicar tragedias de todo tipo, naturales unas y provocadas por la mano del hombre otras aunque, la mayoría de las primeras, hoy ya sabemos que son consecuencia directa de las segundas.
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Aunque nos cueste reconocerlo nuestro mundo se está haciendo cada vez más “invivible” y con frecuencia, ante la visión de lo que llamamos “la actualidad” nos preguntamos a que deberán enfrentarse nuestros hijos el día de mañana o, lo que es lo mismo, que es lo que habremos hecho tan rematadamente mal para que la actual situación haya tomado forma y posicionamiento en el futuro mas negativo para nuestros herederos.
Siempre se dijo que la Naturaleza es sabia y lo está demostrando. La Naturaleza formula sus quejas de la única forma que sabe hacerlo. En su lenguaje, contundente como ninguno, nos está diciendo a todas horas que si no cambiamos el procedimiento, poco a poco pero de forma imparable, sencillamente, acabará con nosotros. ¿Catastrofismo? Analizándolo bien llegaremos a la conclusión de que no. ¡Ojala lo fuese! Cabría la posibilidad de que otras teorías viniesen a tranquilizarnos.
Esta reflexión profunda, expresada con lenguaje popular, nada tiene que ver con movimientos ecologistas, políticos, humanistas, o religiosos. Significa la visión del día a día en cualquier parte del globo, bien en las ya demasiado extensas y pobladas ciudades, bien en las cumbres de las montañas, en los ríos, en las profundidades de lo mares, en el interior de la misma Tierra. Escenarios heridos de muerte, necrosis espontáneas, desiertos que avanzan imparables devorando la vida, sembrando la muerte.
Si el hombre no cambia su proceder, si no somos capaces de crear una gran veda que permita la regeneración, el resurgir de la Paz del ser humano consigo mismo y sus semejantes, todo cuanto conseguiremos será que la Naturaleza antes mencionada, además de sabia se convierta también en revanchista. Entonces el proceso iniciado será mucho más breve y ante las consecuencias obvias, irreversibles, dejaran de tener importancia la política, las religiones, la inmigración, el terrorismo, la Democracia, la Justicia, los pueblos, las tradiciones, la energía nuclear, la salud y el AMOR.
Difícil y complicado pero... yo, a mi manera, ya me estoy preocupando por tantos cambios como se están produciendo (climático también), y vivo mis días dispuesto a colaborar.
Ahora solo es necesario que, las autoridades que me gobiernan y a los que pagamos su sueldo, tomen la misma conciencia solidaria y se olviden de sus particulares intereses.
Juan Santamaría
Chef Director
Restaurante Cala Fornells