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Era un hecho anunciado, se hablaba en voz baja, se veía venir… lo sabíamos. Yo mismo en alguna ocasión dije que la economía se estaba ensombreciendo, que no podía durar ya mucho la llegada de la tan “enmascarada” y temida CRISIS. Se dejó ya notar con fuerza a primeros de Octubre, en cuanto callaron los tambores y clarines de las ferias salmantinas y llegaban las primeras temperaturas algo más bajas.
Sinceramente no entiendo muy bien ese empeño del gobierno en llamarle de otra forma. Rebuscadas y atrevidas definiciones para una situación real y fehaciente que, lo menos que podemos hacer, es mirarla de frente y a los ojos por aquello de “de las aguas mansas líbrame Señor que de las bravas me libro yo”.
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Bien. Ya la tenemos aquí. Dejó de ser una profunda marea mantenida en los fondos de la economía enmascarada de “circunstancia” mientras decidíamos quien nos iba a gobernar los próximos cuatro años. Los aspirantes entonces, convertidos nuevamente en Gobierno, se van encargando lentamente pero sin pausa, de quitarnos ahora la venda de los ojos. Menor crecimiento, aumento del desempleo, construcción a menos de medio gas, subida brutal de la luz, los 400 € prometidos que no llegan y… lo que queda, que ante nosotros tenemos un verano… incierto.
Como decía, la marea gris marengo aquella, amenazante y avisadora, va encrespando poco a poco su superficie. Pequeñas olas de espuma blanca salpican nuestro rostro y sin más aviso se convertirán en peligroso oleaje que, sin remisión, deberemos sortear procurando aproar al viento con mano firme en la caña del timón y cuidando de no perder el rumbo.
“…que de las bravas me libro yo”
Veamos el lado bueno.
Salamanca sabe de crisis, declarada o no, más que nadie. Salamanca está acostumbrada a lamerse sus propias heridas. Salamanca tiene experiencia en “levantar cabeza” sin ayuda ninguna. Salamanca adivina la luz en medio de la oscuridad. Salamanca, ante la dificultad, cual sabia tierra de gentes avezadas en vencer lo invencible, sabrá ¿cómo no? una vez más, salir airosa del temporal…, otro temporal.
Para todo eso le valen a Salamanca las experiencias vividas, los menosprecios sufridos, los expolios y las burlas, haber sido apartada de determinados repartos, haber tenido que representar tantas veces el papel de la “Cenicienta” sometida y acallada, la “sin voz”. Ahora, Salamanca, sabrá demostrar quienes somos nosotros. Y digo nosotros porque yo, ya… me siento de aquí. Ésta es mi suerte.
Juan Santamaría
Chef Director
Restaurante Cala Fornells de Tejares. (Salamanca)