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Me explico.
La publicidad por ejemplo, todo cuanto reclamo publicitario se cruza en mi camino, bien sea en prensa, radio o TV, me suena vacío, sin contenido auténtico, falto de honestidad… Dicho de otra manera, me siento, de lleno, objeto de un burdo y ordinario intento de engañifa. ¡Un sin fin de…! ¡Nuestra mejor oferta! ¡Por su seguridad! ¡Descubra, compare, pruebe, compre, compre, compre! ¡Sea feliz con…!
Lo que dicen los políticos tampoco escapa de esa percepción mía de inútil palabrería. Frases del momento y para éste momento… únicamente. Nada que pudiera valerme para el mañana, mucho menos para el pasado mañana. Nada que pueda proporcionarme un mínimo patrón de actuación para mantener a salvo de cuanto acecha, mi negocio, mi trabajo, mi familia, incluso…, mis principios.
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La educación recibida ayer en mi juventud, hoy es obsoleta y lo es también la que procuré dar a mis hijos. Nada de todo aquello parece tener valor, incluso, si se me ocurre decir “perdón”, “por favor”, “tendría la bondad” o “le quedo muy agradecido”… soy mirado como espécimen venido de otro mundo o perteneciente a otra civilización.
La joven que asoma sus rollizos mofletes a través de la ventanilla de citaciones del centro de salud, para indicarme que es mi turno me llama chasqueando los dedos igual que se llama a un perro y el vigilante de un determinado aparcamiento de la universidad salmantina, para decirme que allí yo no estoy autorizado a dejar mi vehículo, me trata de mala manera y me echa del recinto con pésimos modales. Me siento delincuente cuando “ese sujeto” que a duras penas atina a lucir el uniforme me arremete verbalmente.
A la joven rolliza le llamo la atención y al vigilante embrutecido le informo que pondré una queja por escrito a la empresa que abona su nómina. Ambos pasan de mí.
No, nada me parece real como decía al empezar y, a pesar de ello, me apetece seguir.
Las comunicaciones bancarias están llenas de falsas expresiones de cordialidad, “su estimada cuenta” “distinguido cliente”… Al igual que el Estado que me llama “querido contribuyente”… hasta el día que no hay saldo suficiente o que un determinado recibo no fue debidamente atendido. Entonces desaparecen los modales y las amenazas de futuras maldiciones y tragedias inundan mi, ya de por si, castigada tolerancia. Me siento habitante de la legendaria Pompeya a merced de veleidades y caprichos vesubianos de aquel 24 de agosto del año 79 de nuestra era y siento lo mismo cuando cada mañana me lanzo, ávido de lo último, a devorar noticias sobre la economía, ahora tan de moda, claro.
Y…
Le escucho a Rodríguez Zapatero llamar “crisis” a la crisis ya con naturalidad mientras José Blanco declara que hubo un “error en la percepción inicial”, ¡vaya!. Ahora se anuncian fusiones bancarias, ¿no decían que no?. Los “ERES” (expedientes de regulación de empleo) aparecen nuevos cada día. El capital, incluso pequeño, se refugia en el oro porque no se fía de la moneda. Las fuerzas armadas, antes nutridas en gran medida de personal sudamericano, ahora están desbordadas de solicitudes nacionales. Descienden los divorcios igual que la venta de postres en los restaurantes, aumentan los parados y decrece la formación de nuevas empresas. Se venden menos coches, las compañías aéreas ya no dan panchitos y, dicen… que aumenta la prostitución entre las mujeres “honrás”.
Lo dicho. De un tiempo a esta parte ya nada me parece real. ¿Será otro triste sueño? O… ¿Es un sueño llevadero y lo realmente triste vendrá cuando despierte?
Juan Santamaría
Chef Director Restaurante Cala Fornells de Tejares
Salamanca.