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Alrededor del café IV: El café realiza su gran viaje...

Miércoles, 19 de Marzo de 2008

Llevar el café a las Antillas fue una empresa algo dura, cuyo honor correspondió a un joven normando, capitán que servía en la Infantería de la Marina de la Martinica, llamado Gabriel Mathiew de Clieu. Este joven se encontraba en París por asuntos particulares y concibió la idea de llevar el cafeto a la isla antillana. La empresa no fue nada fácil de conseguir ya que su solicitud de conseguir un plantón de cafeto del Jardín Botánico de París le fue denegada; el capitán Clieu, sin embargo, no se dio por vencido y recurrió a amistades y métodos menos ortodoxos.

Por fin a través de un médico de la realeza consiguió una de las plantas. La planta seleccionada embarcó con el capitán en el Puerto de Nantes en 1723 instalándola en cubierta, en una caja

de madera cuya tapa era de cristal para que pudiera absorber los rayos solares y retener el mayor calor posible. Se puede decir que este no fue un viaje muy placentero, ya que durante la travesía tanto la planta como los hombres se salvaron de infinidad de peligros entre los que se encontraban los propios hombres, los elementos meteorológicos y las circunstancias adversas. Pero no fue menor la envidia de uno de los pasajeros que a toda costa quería arrebatar al capitán el fruto de su trabajo y el honor que en el futuro le traería. El bajel que llevaba a de Clieu era un pequeño mercante. Gracias a la oscuridad de la noche pudieron escapar de un corsario tunecino. Una fuerte tempestad estuvo también a punto de aniquilarles y por último una calma desesperante, más aterradora aún que los otros peligros, estuvo a punto de poner en peligro la empresa de Clieu.

El agua se agotaba por momentos y hubo que imponer un drástico racionamiento del preciado líquido para poder terminar felizmente el viaje. El capitán de Clieu renunció a parte de su ración de agua para poder salvar la planta de cafeto.

A su llegada a la Martinica en el año 1720 plantó el esqueje pero no terminaron ahí sus aventuras y desventuras. La primera cosecha << Al llegar a casa, mi primera preocupación fue la de transplantar el arbolito en la parte de mi jardín más favorable al crecimiento. Tuve que vigilarlo constantemente, ya que querían arrebatármelo, hasta que, finalmente me vi obligado a rodearlo de una cerca de espinas y establecer una vigilancia permanente hasta su madurez>>.

La primera cosecha fue muy abundante y se recogió en 1726. En 1777 había en Martinica 18.791.680 cafetos, lo que facilitó la extensión del cafeto a las islas cercanas como Santo Domingo, Guadalupe. A la isla de Reunión que entonces se llamaba Borbón, llegó el nuevo cultivo de la mano de la Compañía Francesa de las Indias. Las plantaciones de Brasil las comenzaron los portugueses en las regiones de Pará y Amazonas; los ingleses lo introdujeron en Jamaica en 1730 y en 1740 fueron los misioneros españoles quienes llevaron el cafeto a Filipinas con plantas procedentes de Java.

Pero una de las historias más románticas relacionadas con el café es el que le relaciona con Brasil. Al tener conocimiento del gran éxito de los cafetales en las colonias francesas, el emperador de Brasil deseó rápidamente plantarlos en su territorio; pero al igual que en los comienzos del café los árabes habían sido tan celosos, así los franceses quisieron proteger sus intereses y no permitieron que se exportaran plantas ni semillas. El emperador no dándose por vencido y convencido del éxito que en su país tendría el cultivo del café envió a la Guinea Francesa a uno de sus emisarios más apuestos y galantes, todo un caballero llamado Francisco de Melho Palheta para ver si podía llegar a persuadirles de que le dejasen llevarse alguna planta.

La empresa de Melho habría fracasado si no hubiese sido por su embrujo personal, que con sus miradas en un abrir y cerrar de ojos enamoró a la esposa del gobernador de la colonia, la cual antes de que el brasileño partiera de nuevo para su país con el mayor de los fracasos, le envió un enorme ramo de flores en el que astutamente había escondido una planta de café. Este es el romántico y encantador inicio de uno de los más grandes imperios del café.

 



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