De tapa barata a capricho gourmet: cuando lo de siempre se vuelve foodie… y caro
Martes, 28 de Abril de 2026
HosteleriaSalamanca.es
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Hubo un tiempo en el que bastaba con pedir un vino para que llegara acompañado de algo sencillo, casi improvisado. Un pincho, una tapa, un bocado sin pretensiones. Hoy, muchos de esos clásicos han dado el salto al universo foodie… y con él, a precios que en algunos casos sorprenden -o directamente indignan-. El ejemplo más claro es la gilda. Pero no es el único...
La gilda nació en los años 40 en San Sebastián como una combinación espontánea de aceituna, guindilla y anchoa ensartadas en un palillo. Era un acompañamiento sencillo, casi gratuito, que se servía con la bebida en barra. Hoy, ese mismo pincho -aunque con otras variantes- puede alcanzar precios de hasta 3 o 4 euros… incluso cuando la calidad no acompaña.
El problema no es solo el precio, sino la contradicción: un bocado que nació como algo popular se ha convertido en producto de tendencia, con versiones creativas, rutas gastronómicas e incluso reinterpretaciones "premium". Lo que antes era rutina, ahora es experiencia.

Otro caso evidente es la ensaladilla rusa. Durante décadas, uno de los platos más comunes de la hostelería española. Ingredientes básicos, receta reconocible y precio asequible.
Hoy, en muchos restaurantes se presenta como plato estrella: versiones con ventresca, langostinos, mayonesa "especial" o emplatados sofisticados.
El resultado: una tapa de siempre convertida en plato gastronómico… que puede multiplicar su precio sin cambiar demasiado su esencia.
Pocos platos tan universales como la tortilla. Durante años, símbolo de bar de toda la vida, ración generosa y precio contenido.
Sin embargo, la tortilla también ha entrado en la ola foodie: tortillas "de autor", con cebolla caramelizada, trufa, foie o incluso reinterpretaciones líquidas. ¿El problema? Que en muchos casos se paga más por el concepto que por el producto.
Las croquetas nacen como cocina de aprovechamiento: sobras, bechamel y creatividad.
Hoy, son uno de los productos más inflados en carta. Croquetas de jamón ibérico premium, de carabinero, de boletus… con precios que, en algunos casos, superan los 2 o 3 euros por unidad. Un bocado que antes era cotidiano ahora se vende como delicatessen.
Lo que antes era pan con tomate, aceite o algún acompañamiento sencillo, hoy se presenta como "tosta gourmet". Pan de masa madre, ingredientes seleccionados, nombres largos… y precios que poco tienen que ver con aquel desayuno o tapa de siempre.
El cambio no es solo gastronómico, también es de lenguaje: lo sencillo se redefine para parecer exclusivo.

El propio concepto de aperitivo ha cambiado. Tomarse un vermut con una gilda, unas aceitunas o unas patatas fritas era un gesto cotidiano. Hoy, se ha convertido en un ritual “cool”, con estética cuidada, locales especializados y precios más elevados.
La experiencia manda. Y eso se paga.
Hay varios factores detrás de este fenómeno:
El problema aparece cuando el precio deja de tener sentido en relación al producto. No se trata de negar la evolución gastronómica. Innovar es positivo, reinterpretar también.
Pero quizá conviene recordar de dónde vienen estos platos. Porque muchos de ellos nacieron precisamente como lo contrario de lo que son ahora: simples, accesibles… y pensados para todos.
Y ahí está el debate: ¿Estamos pagando por la calidad… o por la etiqueta "foodie"?
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