Alimentación infantil y obesidad: hábitos diarios que marcan la diferencia

Jueves, 15 de Enero de 2026
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El aumento del sobrepeso y la obesidad en la infancia está estrechamente ligado a los cambios en los hábitos alimentarios y de vida de los niños. Una alimentación variada, el respeto a las comidas diarias y la implicación de familias, instituciones e industria alimentaria se presentan como factores clave para revertir una tendencia que preocupa cada vez más en España.

Según la OCU, la alimentación infantil se ha convertido en una cuestión prioritaria de salud pública, especialmente por el aumento del sobrepeso y la obesidad en edades tempranas. A través de estudios y análisis periódicos, así como de su participación en campañas nacionales e internacionales, se promueven hábitos alimentarios más saludables entre los niños, con el objetivo de prevenir estos problemas y concienciar a la sociedad sobre su impacto a largo plazo.

Obesidad infantil: un problema que combatir

La obesidad infantil se ha convertido en un problema global, hasta el punto de que la Organización Mundial de la Salud ha planteado medidas específicas para frenarlo, como la creación de un código internacional que limite la publicidad y promoción de alimentos poco saludables dirigidos a menores.

Los datos reflejan la magnitud del problema: más del 20 % de los niños en el mundo presenta sobrepeso u obesidad. En España, la situación no es mejor, ya que el 20 % de los niños de entre 6 y 9 años tiene sobrepeso y el 16 % padece obesidad, según el estudio ALADINO 2023.

Entre las principales causas destaca el cambio en los hábitos alimentarios, con el abandono de la dieta mediterránea en favor de productos ultraprocesados, bollería industrial y derivados cárnicos y lácteos azucarados, mientras disminuye el consumo de legumbres y alimentos frescos. A ello se suman hábitos poco saludables como saltarse el desayuno y el aumento del sedentarismo, factores que afectan especialmente a los niños, también expuestos de forma constante a publicidad de productos poco saludables dirigida específicamente a ellos.

¿Cómo resolver el problema? 

Para frenar la obesidad infantil es fundamental limitar el consumo de alimentos poco saludables como chocolatinas, bollería, postres lácteos azucarados o embutidos, que deberían ser ocasionales y, sin embargo, protagonizan gran parte de la publicidad dirigida a los niños. Al mismo tiempo, resulta imprescindible fomentar hábitos nutricionales adecuados, con menús variados y equilibrados en todas las comidas del día, y promover un estilo de vida activo que reduzca el sedentarismo y refuerce los beneficios de una buena alimentación.

En este proceso, la implicación debe ser compartida. Las familias juegan un papel clave informándose y eligiendo productos más adecuados, mientras que las administraciones tienen la responsabilidad de informar, regular la publicidad, el etiquetado y la composición de los alimentos, y velar por el cumplimiento de estas normas. La industria alimentaria, por su parte, debe avanzar hacia productos más saludables y un etiquetado claro y útil, y la publicidad asumir un enfoque más responsable, especialmente cuando se dirige al público infantil.

Comer bien a lo largo del día

Una alimentación saludable en la infancia pasa por repartir el aporte energético y de nutrientes a lo largo del día, respetando todas las comidas sin perder de vista el apetito real del niño. No se debe obligar a comer cuando no hay hambre, aunque sí es importante distinguir entre una falta de apetito puntual y el rechazo a un alimento por simple preferencia. En este sentido, el ejemplo en casa resulta fundamental: cuando la alimentación familiar es variada y equilibrada, los niños tienden a imitar esos hábitos.

Las necesidades energéticas varían según la edad y el nivel de actividad. Como referencia, un niño activo de entre 10 y 12 años puede necesitar alrededor de 2.200 kcal diarias, habitualmente repartidas en varias tomas a lo largo del día. No obstante, más allá de una estructura fija, el apetito del niño debe marcar el ritmo de las ingestas.

El desayuno

Es la primera ingesta del día y puede ser tan importante como la comida o la cena. Para que sea un éxito...

  • Recuerda que las prisas no son buenas para desayunar.
  • Para que el niño lo acepte mejor, conviene evitar la monotonía y distracciones como la tele.
  • Si se hace en familia, como sucede con las demás comidas, mucho mejor.

Un desayuno completo y variado para niños y adolescentes debería integrar distintos elementos:

  • Lácteos (leche, yogur o queso) sin azúcares añadidos.
  • Fruta (preferiblemente entera).
  • Derivados de cereal: pan integral, o cereales de desayuno a base de copos de maíz, trigo o avena (sin azúcares añadidos). Los cereales resultan una fuente básica de nutrientes: hidratos de carbono complejos, fibra, vitamina B y minerales.
  • La opción de mantequilla y mermelada es una alternativa para untar el pan, pero debe alternarse con otras, como el aceite o el tomate.
  • Otros (queso, jamón…).

A media mañana

Es difícil durante el desayuno, en una sola ingesta, alcanzar las calorías necesarias (una cuarta parte de las del total del día). Por ello, y también para evitar un periodo prolongado de ayuno, es conveniente introducir una nueva toma a media mañana, durante el recreo.

Para el tentempié del recreo hay que olvidarse de bollería industrial, refrescos azucarados, aperitivos salados…Es una buena oportunidad para completar el desayuno. Es suficiente una pieza de fruta, un pequeño bocadillo de pan integral o un lácteo sin azúcares añadidos. 

La comida

Nunca debería faltar:

  • Verdura como primer plato o guarnición.
  • Un alimento rico en hidratos de carbono: arroz, pastas, patatas, legumbres o pan integral.
  • Proteínas: carnes, preferiblemente magras, el pescado o los huevos.
  • Como postre, lo mejor es la fruta fresca o, en su defecto leche o yogur sencillo.

Por la tarde, merienda

Al igual que la media mañana, sirve para equilibrar la dieta. No hace falta que sea muy abundante. Puede consistir en una pieza de fruta, un lácteo sin azúcares añadidos o un bocadillo pequeño. Hay que prestar especial atención a las cantidades y los horarios para no restar apetito para la hora de la cena.

La cena

La cena es el mejor momento del día para tratar de complementar la comida del comedor escolar, y alternar con ella los alimentos.

  • El plato principal de la cena puede estar compuesto por un alimento proteico, con una guarnición de verduras (ensalada, menestra, etc.) o hidratos de carbono (patatas, pasta, etc.).
  • Otra opción puede ser un primer plato ligero (sopa o puré, de verduras o legumbres) con un segundo plato proteico.
  • Como postre, fruta fresca. Debe tomarse aunque se ingiera también algún lácteo, como leche o yogures.

Fuente: OCU


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