El Nebra: la frutería de mi barrio

Lunes, 22 de Septiembre de 2025
Eva González

Desde la década de los ochenta Nieves atiende a la totalidad del barrio de Salesas en su pequeña pero bien surtida frutería. Acompaño encantada a mi frutera de toda la vida al Mercasalamanca en su jornada de compra mañanera para conocer en primera persona cómo es su trabajo y la delicada situación que hoy en día atraviesa el pequeño comercio.

Cuando yo tenía siete años mi familia se mudó del Paseo de la Estación a un piso en el Barrio de Salesas. Justo enfrente de nuestra nueva casa descubrimos con alegría una pequeña frutería: El Nebra, que nos vendría de perlas para el pan y las ‘compras verdes’ de cada día y también para reponer esos productos básicos a veces olvidados (huevos, café, azúcar, galletas…). Allí estaba Nieves -y por aquel entonces también su hermana Isabel- atendiendo a la práctica totalidad del barrio ¡menudas colas se organizaban!. Mientras esperábamos nuestro turno pacientemente -porque a finales de los ochenta las prisas aún no se habían apoderado de nuestra vida- se iniciaban conversaciones amables, halagos a los hijos que acudíamos a comprar con nuestras madres ¡y también algún que otro cotilleo!. 

Nieves Sanchón en su frutería El Nebra, en la calle Los Hidalgos del Barrio de Salesas

La vida transcurría a mi parecer de modo más sencillo y tranquilo, las comidas eran menos complicadas (espaguetis con atún, lentejas con chorizo, puré de verduras…) y el rango de productos frescos también más limitado. Frutos como el aguacate o el mango, hoy bastante habituales a nivel doméstico, aún no se conocían, por no hablar de las decenas de variedades de tomates de las que disponemos hoy en día o de tubérculos como la yuca o el boniato. En fin, El Nebra era un valor seguro para todos los vecinos, garantía de buen producto, de proximidad y a un precio digno. Y siempre con la sonrisa y eficiencia de Nieves, que no paraba un minuto pues como ella misma reconoce, es inquieta por naturaleza.

El barrio, desde aquel verano de 1989 en el que nos mudamos, ha cambiado bastante: prácticamente la totalidad del pequeño comercio ha desaparecido: la carnicería, la pescadería, el kiosco de prensa y chuches… Sus dueños se fueron jubilando y no hubo relevo para estos negocios que exigen muchas horas y esfuerzo. También nos han abierto un Carrefour Express, justo a la vuelta de la esquina del Nebra, que atrae a mucho público por su amplio horario de apertura y que a buen seguro quita algo de venta a mi querida Nieves. 

Foto sup: Interior de la nave de fruta y verdura de lmercaSalamanca  Foto inf: Nieves seleccionando tomates Pera

Sin embargo, ella sigue al pie del cañón cada día, pegándose madrugones de infarto para seleccionar lo mejor de sus puestos de confianza del Mercasalamanca. Servidora, que sigue siendo clienta, al igual que mi progenitora que casi la visita a diario, decidió un día de este pasado verano acompañar a mi frutera al MercaSalamanca para descubrir de primera mano cómo es esa primera parte de la jornada de Nieves.

Confieso que llegué al recinto comercial súper ilusionada, pero a medida que fui charlando con los allí presentes, esa inocente expectación se fue desvaneciendo. Mientras Nieves iba revisando las columnas de cajas repletas de pimientos y tomates para seleccionar con su ojo crítico los mejores, hablé con el distribuidor de confianza de Nieves, Juan Carlos García Rivero. Lo cierto es que me ofreció una visión bastante desoladora del espacio, pues me confesó que poco a poco el Mercasalamanca se estaba muriendo “por culpa de las grandes superficies, que tienen sus propias plataformas de compra y en los mercados tradicionales no adquieren nada”.  Según Rivero “las generaciones más jóvenes prefieren acudir a los supermercados y compran  allí todo, pagan más dinero y el producto no es ni parecido a lo que ofrecemos aquí pero es más cómodo para ellos”. Lo cierto es que veo bastantes puestos cerrados, que según este distribuidor antes eran muy codiciados y hoy en día ya no los quiere nadie.

Instantáneas en el mercado, en la primera Nieves junto al hortelano charro al que le compra entre otros productos cebolla, calabacines y berenjenas

Mientras Nieves continuaba inspeccionando, seleccionando y apartando las cajas que le interesan, los operarios se lo iban acercando a la furgoneta. Como vi que tenía un ratito por delante decidí recorrer el mercado, en mi ruta hice algunas fotos y me acerqué a una de las cafeterías donde Tere, la dueña, atendía a un par de clientes. Esta hostelera lleva toda la vida siviendo a almacenistas y clientes que se acercan a hacer sus compras, tanto en la ubicación antigua como en la actual. Tere también se lamentaba de que había perdido mucha afluencia de gente y que había bajado mucho el consumo “antes esto era como una familia, venían aquí a relacionarse, a tomar algo, acompañados de sus hijos en períodos vacacionales…  ¡incluso te invitaban a las bodas de sus hijos!, ahora la manera de relacionarse es otra, mucho más fría, vienen rápido, compran y se marchan”. Regresé a la vera de Nieves que seguía sin parar de olisquear mercancía, algo que me gusta porque se nota que busca lo mejor para sus clientes del barrio, aunque eso le suponga dedicar más tiempo e incluso a veces demandar otro producto porque no le convence lo que está expuesto.

Tere, dueña de una de las cafeterías del MercaSalamanca

Aunque no lo parezca, pues siempre ha aparentado ser más joven, a Nieves le quedan apenas un par de años para la jubilación. Me da pena pensar que el Nebra acabará también desapareciendo y con él muchos recuerdos de mi barrio y de mi niñez. Es evidente que el pequeño comercio sufre las consecuencias del crecimiento de las grandes cadenas, eso unido al cambio de mentalidad de nuestros jóvenes, que prefieren trabajos menos exigentes, más tiempo libre para disfrutar de su ocio y la comodidad de comprar todo en un mismo espacio, condenan a este sector minorista a la extinción. Quizás es momento de apostar más por los pequeños, por el trato cercano y personal, por ese tendero que te conoce y te mima, como Nieves, a la que por cierto ese día le compro una de las frutas que más me chiflan: ¡higos!. 



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Comentarios

Narciso
Martes, 23 de Septiembre de 2025
Buen reportaje sobre el pequeño comercio y sobre lo que está pasando con las tiendas de barrio de toda la vida

 


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