Mi pueblo

Jueves, 22 de Agosto de 2013
Hosteleriasalamanca.es/ Por Eva González
Eva González Hernández, periodista gastronómica Salamanca Es medianoche, regresamos a casa después de haber disfrutado de una agradable tarde en el pueblo de mi familia paterna. Mientras esquivamos minúsculos topillos, que cruzan a toda velocidad de un lado a otro de la carretera, aspiro ese fabuloso aroma a humedad, que emanan los campos de cultivo cercanos. El rechinar de los grillos se apodera del sonido ambiente, mientras el coche avanza cauteloso por la estrecha carretera…

Ha sido una velada auténtica, sin lujos, sin cocina de vanguardia, sin sillas de diseño ni manteles de hilo, pero ha sido fantástica. El corral de mi abuela, ese destartalado espacio decorado con zapatos usados, trapos de cocina y muebles reciclados, ha hecho de nuevo las veces de comedor. Las plantitas repletas de flores han sido el principal atrezzo y el cielo, sorprendentemente estrellado, nuestro techo.

El menú ha sido sencillo pero perfecto: patatas nuevas, recién traídas de la huerta, y huevos de corral, seguramente obsequiados por la señora Anuncia, amiga íntima de la familia y vecina del pueblo. Productos orgánicos, como se llama ahora a lo que se cría y se cultiva como se ha hecho siempre.

 Friendo patatas con la abuela
Friendo las patatas nuevas en la fantástica cocina de gas instalada en el corral

A mi memoria se acercan recuerdos de mi niñez, cuando mi abuela me mandaba con una palangana a recoger los huevos del corral, uf ¡qué miedo me daba!. Yo siempre he sido particularmente miedosa y torpe con respecto a los menesteres que exige la vida rural. En alguna ocasión me sorprendí asistiendo como testigo al sacrificio y desplume de algún desafortunado animal –no recuerdo cuál-. Mi abuela, sentada en una silla de madera y con el mandil cubierto de plumas y restos de sangre, apenas prestaba atención a la carita desencajada de aquella niña de ciudad, que con cautela se retiraba al interior de la casa, cerca de las faldas de su madre, que le reconfortaban tras el trance.

Sin duda, el mejor momento del día en invierno era el desayuno. Costaba abandonar la cama, tan calentita gracias a ese mullido colchón de lana, y cruzar la casa para llegar hasta la cocina. Pero una vez allí el sacrificio obtenía su recompensa. La chimenea estaba encendida y sobre la mesa siempre había unos trozos de tocino frito y pan reciente, que sabían a gloria y que servidora acompañaba de una taza de Cola-Cao hirviendo.

Recuerdo que de pequeña no me apasionaba precisamente ir al pueblo, allí estaba expuesta al frío, a las moscas que siempre estaban al acecho, a las terribles travesuras de mis primos y a las órdenes de mi abuela, una mujer por aquel entonces autoritaria y de carácter recio. Sin embargo, ahora, más de veinte años después, rememoro mis estancias allí con nostalgia; añoro esos energéticos desayunos, la niebla invernal, el sonido de las campanas de la iglesia el domingo por la mañana, el canto del gallo al amanecer, los bocadillos de chorizo casero, la telenovela después de comer, las excursiones en bici con las vecinas hasta el pinar…

Engullimos los huevos con patatas como si lleváramos semanas sin probar bocado, inmortalizo todo con la cámara de mi teléfono, mientras mi abuela no puede evitar sonreír, sorprendida y halagada por nuestro voraz apetito y por los piropos que echamos al simple pero sublime plato. Disfruto del momento junto a mi familia, lo saboreo sin prisas, percatándome de cada detalle de la velada.

Afuera, decenas de críos corretean por las calles del pueblo, mientras sus abuelas los observan orgullosas sentadas a las puertas de sus casas. La brisa fresca de la noche recorre cada esquina, agitando los árboles de las plazas. El campo, ruidoso y concurrido durante el día, ha enmudecido.

Al filo de la medianoche todos comienzan a retirarse, las calles quedan desiertas y silenciosas, mientras nosotros partimos en coche rumbo a casa…

Eva González Hernández
Directora de
Hosteleriasalamanca.es
redaccion@hosteleriasalamanca.es
@evasalamanca


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Comentarios

Juanjo
Sábado, 28 de Septiembre de 2013
¿Y qué me dices de ese indescriptible sabor del auténtico pan de pueblo, de esas enormes hogazas que permanecen frescas una semana entera, para hacerse deliciosas tostadas con aceite de oliva por la mañana? Un muy interesante artículo, Eva.
PALOMA
Jueves, 19 de Septiembre de 2013
Precioso articulo¡¡¡ Escribes de maravilla¡¡
Pacopazybien
Martes, 10 de Septiembre de 2013
Qerida Eva y resto de " Comentaristas ", noto que no hay comentarios de personas del genero masculino, por tanto soy el primero. No meda miedo ante tanta mujer, pues toda mi vida laboral ha estado entre las Amas de casa, a las que adoro pues, son y han sido las sacrificadas de la familia. He urgido, en un paso rapido, por las recetas en esta pagina, y no he visto ninguna de FARINATO ni las patatas de herradero ( Mal llamadas, a mi entender, revolcones o meneas ) pues cuando nacieron fue en esos dias frios de noviembre, en el campo charro, para que los mozos entrasen en calor mientras le ponian el hierro a los becerros. Ahora no tengo tiempo pero so me dices pondre puedo/ podemos anadir recetas y , decirmelo y os mandare recetas mias. Un carinoso y respetuoso abrazo para tod@s de Pacopazybien
Mari Cruz
Miércoles, 28 de Agosto de 2013
Que bonito Eva!, segun lo cuentas parece que estamos alli, que bien describes todas las sensaciones, olores, sonidos etc entran ganas de ir
Vicky
Miércoles, 28 de Agosto de 2013
Me ha encantado, es como si viniera ese olor a todas sus comidas......... por que por desgracia ya no estan entre nosotros, pero los recuerdos como bien dices si! Gracias por hacerlo recordar........ delicioso Eva!
Eva
Lunes, 26 de Agosto de 2013
El pueblo es Tarazona de la Guareña (Salamanca), pero podría ser cualquiera: todos tenemos recuerdos de nuestra niñez asociados a un lugar: la casa del abuelo, la parcela de la familia, el pueblo... Me alegra saber que este artículo os ha hecho retroceder en el tiempo y recordar a través de los aromas y sabores de la infancia lo que fue nuestra vida de niños, siempre tan linda y añorada...
andresito
Lunes, 26 de Agosto de 2013
Que bonito el reportaje...yo cada vez que huelo especias en la cocina recuerdo el olor del campo de mis veranos en el pueblo de mis padres por la sierra de Francia...
Ana
Domingo, 25 de Agosto de 2013
Qué Bonito!
Pamela
Viernes, 23 de Agosto de 2013
Muy bonito el artículo, solamente echo de menos que aparezca el nombre del pueblo...
Pilar
Viernes, 23 de Agosto de 2013
Que relato tan enternecedor!!
María Campo
Jueves, 22 de Agosto de 2013
Eva.....cuando añoramos, nos estamos haciendo mayores?
Un artículo muy bonito que a todas nos has hecho pensar en nuestras abuelas.
👏👏👏


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