Una experiencia en DiverXo: más allá de los maravillosos platos de Dabiz Muñoz
Visitar el restaurante con tres estrellas Michelin es un auténtico espectáculo que traspasa lo meramente gastronómico y donde el mundo exterior se paraliza. ¿Me acompañas en esta experiencia personal en uno de los mejores restaurantes del mundo?
Puede caer mejor o peor, pueden gustar más o menos sus formas o su exposición mediática, pero lo que es innegable es que Dabiz Muñoz, tres años consecutivos elegido como Mejor Chef del Mundo, es un auténtico crack en la cocina ideando, creando y ejecutando platos inimaginables. Mezclando sabores, texturas, especias, aderezos, olores e incluso colores de todas las partes del mundo -Perú, Singapur, Japón, México, España de norte a sur y de este a oeste...-.
Ir a DiverXo -con tres estrellas Michelin- es precisamente eso, entrar en otro mundo, en otro 'UniverXo', en el que no existen límites en la creatividad y cuyo resultado es simplemente un auténtico espectáculo. Y no solo por la comida, que desde luego lo es, sino también por toda la puesta en escena, digna de la mejor orquesta sinfónica.

Por eso no voy a hablar de sus maravillosos platos ni de ingredientes difíciles de pronunciar -hay cientos de reseñas en internet de excelentes críticos gastronómicos-, voy a hablar de la experiencia en DiverXo desde que entras por la puerta hasta que sales, y que bajo mi criterio justificaría euro a euro su elevado coste.
Sentir nada más cruzar la puerta que te adentras en un cuento al más puro estilo de 'Alicia en el país de las Maravillas', donde los famosos cerdos voladores son los protagonistas junto a un personal originalmente uniformado y que te lleva directo al lugar donde vas a pasar las próximas 4 horas de tu vida. Cada mesa rodeada de unas cortinas semitransparentes que aportan intimidad y que te hacen sentir en una especie de nebulosa en la que el mundo exterior se olvida, para dar paso a la experiencia, que se convierte en absoluta protagonista.
Manteles y servilletas de lino -made in Europa, por cierto- sillones hipercómodos y recibiéndote en la mesa un gran 'cerdito' de la fortuna que según cuenta la cultura asiática trae buena suerte y prosperidad, que junto con unas hormigas y un pequeño atril donde se colocarán las explicaciones de cada plato, forman el inicio de esta gran experiencia.

¡Y comienza el espectáculo! Un total de 15 pases -16 en realidad con los petit four- con los que disfrutar y viajar a través de todos los sentidos. Porque no solo vas a degustar platos o ingredientes únicos, sino que además vas a ver unos lienzos explicativos dignos de enmarcar, vas a sentir y literalmente chupar en tu propia mano una exclusiva miel de abeja melipona de Yucatán (México), vas a oler los aromas de los platos -ese caldo concentrado de buey gallego servido en un cuerno-, y todo ello guiado por un equipo cuyo trato y coordinación es absolutamente excepcional.

No hay prisa en DiverXo, sientes al numeroso personal pasar a tu alrededor, pero la tranquilidad en la sala es la tónica dominante. Las pausas están medidas para facilitar una digestión de potentes sabores e ingredientes que de otra forma te podrían pasar factura... Y llega el final, con unos petit four que dejan el mejor sabor de boca, que cierran una experiencia única que no es barata no, pero que solo conociéndola comprendes el por qué de su coste. Aún así, como todo en la vida, para los gustos, los colores...

