¿Qué se come en Cuaresma?

Jueves, 11 de Febrero de 2016
Hosteleriasalamanca.es / Por Cristina Fuentes

Dice el refrán que “No hay carnaval sin Cuaresma”… Tras el entierro de la sardina este miércoles 10 de febrero, empieza la Cuaresma, tiempo de sacrificio y purificación que se extiende hasta el Jueves Santo. ¿Conoces las costumbres que manda la tradición?

Torrija versionada, en este caso con crema inglesa y almíbar.

Tras un carnaval festivo, y siguiendo las tradiciones cristianas, comienza un período de 40 días en los que se instaura una penitencia en todos los sentidos: económica, de ocio y, cómo no, gastronómica, para compensar los excesos del carnaval. Las consignas mandan acudir a misa a diario, confesar los pecados, recatarse, ser solidario y despojarse de lo trivial. Pero lo cierto, es que son los mandatos relacionados con el comer los que más perduran en nuestros días.

A pesar de que estas tradiciones han perdido mucho fuelle en los últimos años en nuestro país, sí que es cierto que hay quien mantiene la costumbre de la vigilia de los viernes –la prohibición de comer carne-. Así, se instauran la austeridad culinaria con el ayuno y la vigilia de los viernes durante 40 días. Entonces, ¿qué se come?, se preguntarán algunos. Los platos estrella de esta época de sobriedad son el potaje, el bacalao . Pero no no nos podemos olvidar de los dulces típicos como las torrijas, los pestiños, leche frita, sacatrapos, rosquillas fritas...

Gastronomía de Cuaresma

Debido a la austeridad propia, las elaboraciones son de “cocina de aprovechamiento”, empleando humildes ingredientes como el bacalao –uno de los pocos pescados que llegaba a España en época de posguerra-, las legumbres, el pan, los huevos o la harina.


Hablábamos del potaje, el bacalao, las torrijas… Pero, ¡hay más platos típicos de Cuaresma! Por ejemplo, las croquetas de espinacas y bacalao son un manjar que incluye algunos de los productos típicos de esta época. Para ello tenemos que dorar ajos picados en una olla y añadir el contenido de una bolsa de espinacas troceadas; lo rehogamos todo. Por otra parte, cortamos en cuadraditos un kilo de bacalao sin piel ni espinas. En una sartén con un pelín de aceite –no mucho- doramos unos 50 gramos de piñones y los reservamos en un plato.

Después, en ese mismo aceite, rehogamos el bacalao y después añadimos 5 cucharadas de harina. Esperamos a que se dore y lo apartamos del fuego. Cuando haya bajado la temperatura del bacalao, le echamos un litro de leche poco a poco para que se integre bien con la harina. Cuando hayamos echado más o menos la mitad, lo mezclamos con las espinacas que habíamos reservado y agregamos el resto de la leche. Corregimos el punto de sal y pimienta y removemos en el fuego hasta que la masa se cuaje. Dejamos la masa enfriar y ¡ya podemos hacer las croquetas!

 


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