¿Cuántas veces al hornear una tanda de galletas caseras nos hemos encontrado con que lo que antes de introducir en el horno eran ocho o diez adorables galletitas se ha transformado en una única que ocupa toda la bandeja? ¿Cuántas veces nos han quedado tan duras como para que al tirarlas al suelo por poco no reboten? Si encadenar fracaso tras fracaso os ha llevado a abandonar, tenéis que leer esto. Hoy nos reconciliamos con las galleta caseras.
No hay nada mejor ni más gratificante que un dulce horneado por uno mismo, ¿verdad? Una de las piezas dulces que solemos preparar habitualmente en las casas son las galletas, se elaboran con ingredientes que todos tenemos en la despensa y no requieren de ninguna maquinaria especial: un bol y una cuchara de madera pueden ser más que suficiente. Para no complicarnos demasiado, vamos a daros consejos para elaborar con éxito dos tipos de galletas: las cookies y las de mantequilla –no me riñáis los más cocinillas, es por hacerlo sencillo y no escribir un testamento-. Las primeras, redondas, rugosas, y con trocitos de chocolate y/o frutos secos; y las segundas, lisas, planas y con un increíble sabor a mantequilla.
![]() A la izquierda: galletas de mantequilla decoradas con glasa. A la derecha: cookie de chocolate. |
Pasos previos
Antes de meternos manos en harina, es fundamental haber comprado una buena materia prima, y sobre todo una buena mantequilla y unos huevos de calidad. Parece que no, pero se nota mucho en el sabor.
Otro tip previo es que todos los ingredientes estén a la misma temperatura, a temperatura ambiente. Con esto evitaremos que la masa se corte. Aunque si se nos corta, no pasa nada. ¡Podéis seguir adelante!, aunque es posible que la masa pierda algo de textura.
![]() Mezcla de azúcar y mantequlla blanqueada, a la que se le ha añadido el huevo. |
Siempre esponjosas
A todos nos gustan las galletas con un esponjoso interior. Para lograrlo, tendremos que batir bien la mezcla previa de azúcar y mantequilla, hasta que haya blanqueado, durante unos 10 minutos.
Otra clave para que la masa no salga dura es, una vez que hayamos incorporado la harina, no amasar en exceso la mezcla , sólo lo justo hasta que observemos que todos los ingredientes se han integrado. En este caso es mejor prescindir de la amasadora, y mezclar con la simple pero efectiva ayuda de una cuchara o, mejor, una espátula de goma. ¡Y no temáis si vuestra masa se adhiere a los dedos! Porque es imprescindible y muy necesario, dejar que repose en la nevera, envuelta en papel film, al menos, 30 minutos. Si la dejáis en frío durante toda una noche, mejor que mejor, eso sí, recordad sacarla media hora antes de utilizarla para que se temple.
![]() Conviene estirar la masa entre dos hojas de papel vegetal. |
Sea cual sea el método que elijamos para darles forma, es muy recomendable no utilizar nada de harina extra. Si estiramos la masa con un rodillo, con que ésta esté bien fría es suficiente para que no se adhiera a la superficie de trabajo, aunque nunca está de más si la estiramos entre dos hojas de papel vegetal. Evitaremos sustos. Si, por el contrario, elaboramos unas cookies, a las que tendremos que dar forma de bola con nuestras manos, no conviene pringarnos de harina para que no se nos peguen, sólo será necesario que la masa esté fría y que no las manoseemos demasiado. Y, por supuesto, cuando tengan la forma de bola, sólo aplastadlas ligeramente con el pulgar, ya que una vez que la masa tome contacto con el calor del horno, se empezará a fundir y se expandirá.
El horneado
A medida que vayáis formando vuestras galletas, id colocándolas en una bandeja forrada con papel vegetal. Así no se pegarán nada. ¡Y procurad colocar, como máximo, ocho galletas por tanda, y con suficiente espacio entre ellas! De lo contrario, al sacarlas del horno podríamos llevarnos una desagradable sorpresa, y observar que una gigantesca galleta ocupa toda la bandeja.
![]() |
En cuanto a la temperatura, la mejor son los 170ºC, aunque esto no es una verdad universal, ya que puede variar de un tipo de horno a otro. Lo que sí vale para todos es que esté precalentado, de este modo, cuando las introduzcamos en el horno, ya tendrá la temperatura óptima. El tiempo, igualmente, variará dependiendo del tamaño o el grosor. Lo que es fundamental para que no se cuezan de más es retirarlas del horno cuando aún estén blanditas, cuando al presionar su superficie se marque una huella. A continuación, las dejamos cinco minutos en la misma bandeja y, por último, las pasamos a una rejilla hasta que se enfríen por completo.
La conservación
De nada nos vale haber preparado unas galletitas bien crujientes con todo el mimo y dedicación que requieren, si luego las almacenamos de cualquier manera. Para que conserven el máximo tiempo posible sus características es imprescindible conservarlas en un recipiente hermético o en una caja de lata; si nuestro recipiente es alargado y requiere que apilemos una galleta sobre otra, cortad trocitos de papel vegetal y colocadlos a modo de separación entre ellas, con esto evitamos que suelten miguitas sobre la que tienen cerca o que las cookies con chips de chocolate se ensucien entre sí.
![]() |
¿Os animáis a preparar unas galletas perfectas? ¿Os han ayudado estos pequeños consejos? ¿Tenéis algún otro truquillo? ¡Contadnos!




