Fuente: Hosteleriasalamanca.es
Texto y fotografía: Eva González
Escondido en una estrechísima calle peatonal donde se respira la tranquilidad propia de un remoto lugar se encuentra el Salam. Su ubicación, en el corazón del casco histórico salmantino, le permite aislarse del bullicio y del ajetreo urbanita. Esa inusual calma que lo envuelve es apreciada por los comensales que día a día buscan en este enclave el ansiado anonimato.

Hommos (puré de garbanzos) |
El Salam no llama la atención, apenas se aprecia la puerta de su entrada, disimulada entre los sólidos muros de piedra de Villamayor que sostienen el peso de edificios centenarios. Uno no pasa por delante de este restaurante por azar, de paseo o de camino al trabajo. Cuando uno decide ir al Salam es porque alguien te lo ha recomendado, quizás por esta razón los primeros años del establecimiento fueron duros. Ahora sin embargo, el pequeño local se llena de huéspedes cada día, unos motivados por la curiosidad y la novedad, otros, ya habituales, buscan un momento de paz aderezado con comida casera a buen precio.
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Los tres hermanos, hijos de padre sirio, trabajan a diario en el Salam. Sucri, dirige la modesta cocina, que se comunica con el office a través de un ventanuco que vomita platos a gran velocidad. Su hermana se encarga del comedor, con agilidad y sin parar un solo minuto atiende las mesas, va y viene anotando la comanda y transmitiéndole el mensaje a su allegada.
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Los comensales comen sin prisas, acompañando el momento de amigables conversaciones y entregados al disfrute de una gastronomía ligera y aromática. Sabores procedentes de Oriente Medio y el Norte de África componen el menú del día, única opción posible ante la ausencia de carta. Seis primeros platos a base de verduras, arroz y legumbres y otros seis segundos que rinden homenaje al pollo, el pescado, la ternera, el cordero y de nuevo los vegetales, limitan la oferta.

Tagin de cordero con ciruelas |
El Hommos, plato típico oriental a base de crema de garbanzos y sésamo, nunca falla en el Salam y a medida que las semanas transcurren, se acompaña de otras creaciones como el Couscous – a base de sémola de trigo- o el Tagin, un característico guiso. Esta semana el Tagin es de cordero con ciruelas y la anterior tocó de pollo con aceitunas.
Las especias condimentan y enriquecen cada plato, sin ocultar el sabor original del género marinan pescados, acompañan carnes y rellenan las sardinas fritas con cilantro, que Sucri se afana en recomendarnos. No obstante, platos nacionales como el gazpacho también se han hecho su hueco en el repertorio culinario.

Baklawe (hojaldritos con almíbar y frutos secos) |
Los postres rinden culto a la imaginación y se van improvisando a medida que la creatividad visita la cocina. El Baklawe es el único dulce típicamente árabe; se importa de una pastelería siria. Variados hojaldritos rellenos de frutos secos y almíbar se disponen en una cajita de cartón que Sucri me trae con cuidado. Dedos de novia, Nidos de golondrina, Mabrumas... Todos apetecibles y crujientes, como recién hechos. Su sabor identifica miel y nueces y combinan estupendamente con una tacita de té. Té, café o para los amantes del vino, caldos libaneses, similares a los franceses por el origen gálico de sus cepas.

Sopa de chocolate |

Musaka |
Abandonamos el Salam, atrás dejamos piezas decorativas recolectadas en lejanos países; Marruecos, Siria, Irak, Turquía... Atrás queda el aroma a hierbabuena, el potente sabor del sésamo y la placentera sensación de haber visitado otros mundos, aunque solo sea a través de su gastronomía...
Precio menú: 10€ (diario) y 13 € (fin de semana)
Platos vegetarianos
Domingos cerrado
capacidad: 50 personas
Salam
C/ Placentinos, 10 37008 Salamanca
Tel: 923 263 018
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