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Cuando comer sano se vuelve un lujo en el Día Mundial de la Obesidad

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El 32,5% de los niños de hogares de renta baja sufren obesidad, según Save The Children. La subida de precios hace que las familias prioricen alimentos refinados y ultraprocesados en lugar de productos frescos.

Cuando comer sano se vuelve un lujo en el Día Mundial de la Obesidad

La relación entre obesidad y pobreza a menudo pasa desapercibida, pero este tipo de malnutrición se ha convertido en un problema global. Se ha incrementado de forma alarmante entre niños en edad escolar y adultos y, según la OMS, una de cada ocho personas en el mundo la padece.

En España, cerca de 8 millones de personas presentan exceso de peso, especialmente en el caso de los hombres, tanto en adultos como niños y adolescentes. Se consumen más alimentos con alto contenido calórico y se lleva una vida más sedentaria. Unos factores que se ven agravados en el caso de las familias con rentas bajas para los que el acceso a alimentos de calidad y actividad física es desigual. 

Jesús perdió su negocio a raíz de la pandemia. Desde entonces, no ha logrado conseguir trabajo a causa de la depresión que le diagnosticaron, que se suma a una leve discapacidad física que está esperando a que se la reconozcan. Ha tenido que volver a casa de su exmujer en un municipio al sur de Madrid, donde vive junto a su hija. La subida de precios le ha obligado a limitar la lista a la hora de hacer la compra. "Pocas veces comemos pescado fresco o ternera. Ahora optamos más por el cerdo o el pollo y por productos más procesados, ya que están más baratos. Hoy en día comer sano se ha vuelto un lujo"", explica.

Este autónomo reconoce que en los últimos años ha empeorado su alimentación. Ahora tiende a comer más dulces y ya no hace tanto ejercicio como antes, por lo que ha cogido algo de peso.

Listas de la compra cada vez más limitadas

Mientras que entre la población general, un 6,4% no dispone de recursos suficientes para una alimentación adecuada, la tasa de pobreza alimentaria aumenta a un 20% en las familias de menor renta, según los últimos datos del INE. El precio general de los alimentos es ahora un 30% más elevado que a comienzos de 2021. Hacer la lista de la compra es cada vez más caro.

La escasez de recursos económicos conduce a estrategias de compra que priorizan alimentos refinados y ultraprocesados en lugar de productos frescos. Esta elección, combinada con la falta de actividad física, resulta en una doble carga de malnutrición: obesidad y deficiencias de nutrientes esenciales como vitaminas A, C y D, así como minerales como calcio, hierro y zinc. A largo plazo, esto aumenta el riesgo de enfermedades asociadas con la obesidad, como la diabetes y los problemas cardíacos.

A esto se suma el aumento de los precios de la vivienda, especialmente en entornos urbanos, lo que provoca que se deje de lado la alimentación para poder cubrir otros gastos. Esta situación también les preocupa a Germán y Valentina, dos jubilados que llevan viviendo casados desde hace 50 años en Parla. "Hay mucha gente hoy en día que prefiere pagar la luz y la renta antes que preocuparse por lo que comen. Miramos el bolsillo y es normal", relata Valentina, quien también destaca que esta situación de precariedad la observa en personas mayores.

La carencia económica puede inducir estrés y ansiedad, promoviendo el consumo de azúcares y ultraprocesados, según la FAO. Jesús, enfrentando esta situación, admite su dependencia a los dulces, agravada por la atracción hacia los productos más baratos con aditivos que los hacen más sabrosos. Hace dos años, el médico le limitó las cantidades de consumo, pero ahora lo ha dejado de lado. "Con todo lo que tengo en mente y las pruebas que me continúan haciendo, solo me falta tener que preocuparme por esto", añade.

Un estilo de vida marcado por la falta de tiempo

La OMS señala que, además de la mala alimentación, la obesidad se ve impulsada por la reducción de la actividad física debido a trabajos sedentarios, nuevos medios de transporte y urbanización creciente. Este escenario se refleja en la experiencia de Marcelina, quien recientemente se mudó a España para trabajar como cuidadora interina. Sus horarios agitados la llevan a depender de comidas preparadas, "Tiro muchas veces de platos precocinados o ensaladas que te vienen ya hechas y que me pone directamente la empresa. Sé que no es lo más sano, pero no tengo mucho tiempo", subraya.

Los ritmos frenéticos de trabajo, también ocasionados por una sociedad de la inmediatez y la falta de desconexión, hacen que las personas opten más por lo fácil y no tanto por lo sano. "Hoy en día vivimos con mucho agobio y optamos por lo más inmediato. Por ejemplo, pedir comida a domicilio o comprar lo precocinado", comentan los expertos nutricionistas de la Clínica Conty.

Además, la falta de actividad física es alarmante: según el INE, 11 millones de personas en España no practican ejercicio físico, una tendencia más pronunciada entre aquellos con menos recursos. Los barrios menos favorecidos suelen carecer de espacios verdes y zonas recreativas accesibles sin coste, intensificando aún más el problema.

Fuente: RTVE