Contacto de Whatsapp: 608 818 459
Teléfono de contacto: 923 281 523

Periódico Digital de Gastronomía y Turismo de Salamanca

Periódico Digital de Gastronomía
y Turismo de Salamanca

Sábado, 8 de agosto de 2026

Síguenos:
OBRAMAT DEL 1 AL 31 AGOSTO 2026

¿Por qué siempre queda hueco para el postre? La ciencia tiene la explicación

Añádenos como fuente preferida en Google

Pocas frases son tan universales como ese 'no puedo más'… seguido de pedir postre. Aunque parezca una contradicción, la ciencia lleva años estudiando por qué después de una comida salada el cuerpo vuelve a reaccionar ante algo dulce. El fenómeno tiene nombre, está relacionado con el cerebro y también con siglos de historia gastronómica que acabaron convirtiendo el postre en el cierre habitual de cualquier comida.

¿Por qué siempre queda hueco para el postre? La ciencia tiene la explicación

Después de un plato contundente, el cuerpo empieza a mostrar señales de saciedad. El sabor pierde intensidad, el apetito disminuye y la sensación de plenitud aparece poco a poco. Sin embargo, basta con que alguien mencione una tarta, un helado o cualquier otro dulce para que el interés vuelva a activarse casi de inmediato.

La explicación está en un mecanismo conocido como 'saciedad sensorial específica'. Los expertos describen este fenómeno como el cansancio que produce un mismo sabor cuando se repite durante una comida. El cerebro reduce progresivamente el placer asociado a ese alimento concreto, pero responde de forma distinta cuando aparece un estímulo nuevo.

Por eso, después de varios platos salados, un postre dulce genera una sensación completamente diferente y reactiva el apetito aunque aparentemente ya no quede espacio. El cerebro interpreta ese nuevo sabor como una experiencia distinta y vuelve a despertar el interés por comer.

Además del cambio de sabor, el azúcar también activa el sistema de recompensa cerebral. Algunos estudios recientes relacionan ese deseo de dulce con la liberación de sustancias asociadas al placer y la motivación, lo que ayuda a entender por qué los postres resultan especialmente atractivos incluso después de sentirse lleno.

Pero el papel del postre no se explica únicamente desde la ciencia. También hay una importante carga cultural e histórica detrás de esa costumbre de terminar las comidas con algo dulce.

En la antigua Roma ya existían preparaciones dulces vinculadas a la digestión, mientras que siglos después la aristocracia francesa consolidó el concepto moderno de 'dessert', término derivado del verbo desservir, relacionado con retirar la mesa al final de la comida. Fue entonces cuando el postre empezó a convertirse en un ritual propio dentro de la experiencia gastronómica.

Con el paso del tiempo, el aumento del consumo de azúcar y el desarrollo de la repostería hicieron que el postre terminara ocupando un lugar fijo en la mayoría de culturas gastronómicas occidentales. Tartas, natillas, frutas, helados o chocolates pasaron a entenderse como el broche final de una comida completa.

En realidad, ese supuesto 'hueco extra' que aparece después de comer mezcla biología, costumbre y placer. El postre no funciona solo como alimento: también actúa como cierre emocional y social de la comida. Una pequeña recompensa que el cerebro sigue esperando incluso cuando el estómago parecía haber dicho basta.