La conocerán como pamplina, maruja, regajos, rugas… Dependiendo del lugar se llama de una manera u otra, y es que, la maruja –permítanme que la llame así- es una planta típica de la zona de Salamanca, el oeste de Ávila y el norte de Cáceres.
Son unos brotes que no se asemejan a ninguna otra planta que consumamos, sin embargo, son un auténtico placer en la mesa. Pero su principal característica son los recovecos en los que la encontramos. La maruja no crece en los valles o campos como es habitual, solo brota en los arroyos y regatos de agua entre febrero y mayo aproximadamente, justo antes de llegar la primavera (hablamos de la germinación natural, no de la que se produce en invernaderos). Por eso es tan codiciada.
No hay datos de cuándo se empezó a utilizar como alimento, sin embargo, al darse sobre todo en zonas rurales, intuimos que esta planta lleva ya muchos años dando ese sabor tan particular a los salmantinos.
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¿Cómo se prepara la maruja?
Este delicioso manjar ha de recogerse al poco tiempo de salir para que el tallo no se ponga muy duro y, a pesar de que pasa el agua por ella, al prepararla es necesario lavarla bien –incluso con dos gotas de lejía en el agua- para liberarla de cualquier rastro de barro o de otras plantas.
Muy común en los restaurantes de Salamanca por estas fechas, su preparación más habitual es en ensalada, con aceite de oliva, vinagre de Jerez, ajo machado y sal. Algunos en los que la podemos encontrar:
En el restaurante Río de la Plata se sirve bien como acompañamiento de carne y pescado o sola como ensalada aderezada con algunas frutas como naranja o granada.
En Casa Conrado también la podemos encontrar puntualmente (no está en carta) como acompañamiento de la carne o en ensalada.
La última sugerencia es el restaurante Rivas, donde la ensalada de maruja se ofrece solo algunos días (cuando se encuentra en el mercado), aderezada con naranja, aceituna…
Definitivamente, es un manjar difícil de encontrar. ¿La has probado? ¡Cuéntanos!
