Los platos más llamativos con los que otros países de Europa celebran el Fin de Año
Martes, 30 de Diciembre de 2025
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La Nochevieja es una celebración marcada por rituales gastronómicos en toda Europa. Más allá de las uvas españolas, otros países despiden el año con recetas tradicionales que se mantienen generación tras generación, algunas vinculadas a la prosperidad, la suerte o la unión familiar, y otras simplemente al placer de compartir mesa en una noche especial.
En España, la cena de Nochevieja puede variar tanto como las casas en las que se celebra. Hay quien apuesta por marisco, quien prefiere carne, quien improvisa una mesa de picoteo y quien mantiene un menú casi ritual. Sin embargo, cuando el reloj marca las doce, hay algo que no se negocia: las doce uvas acompañadas de las campanadas. Da igual el lugar, la mesa o la compañía; ese gesto compartido marca simbólicamente el inicio del nuevo año y se mantiene generación tras generación.
Pero esta tradición tan nuestra despierta inevitablemente la curiosidad. Así como en España no pueden faltar las uvas, ¿qué ocurre en otros países de Europa? ¿Qué alimentos o recetas -ligados o no a supersticiones- se repiten cada 31 de diciembre en sus mesas? Si también te pica la curiosidad, aquí repasamos algunos de esos 'imprescindibles' con los que se despide el año en distintos países de Europa.
En Portugal, la medianoche se vive de una forma muy similar a la española, aunque en lugar de uvas se toman doce pasas, una por cada campanada. Cada una suele ir acompañada de un deseo para el año que comienza. Es un gesto sencillo, cargado de simbolismo, que pone el acento más en la intención que en la abundancia.

Si hay un alimento claramente asociado a la buena fortuna en Italia en Nochevieja, ese es la lenteja. Su forma recuerda a pequeñas monedas y por eso se consideran un augurio de prosperidad económica. Es habitual servirlas calientes tras la medianoche, acompañadas de embutidos tradicionales como el cotechino o el zampone, especialmente en el norte del país.

En Grecia, el protagonismo lo tiene la vasilopita, un bizcocho o pan dulce que se corta en familia al comenzar el nuevo año. En su interior se esconde una moneda y quien la encuentra es considerado el afortunado del año. Más que un simple postre, se trata de un ritual que combina gastronomía, tradición y un fuerte componente simbólico.

En Francia, la Nochevieja suele celebrarse con una cena especial conocida como réveillon, donde la mesa se llena de productos considerados festivos. Ostras, mariscos, foie gras y champán son habituales en muchas casas, en una celebración donde el lujo gastronómico y el brindis tienen un papel destacado.

En los Países Bajos, el dulce típico de estas fechas son los oliebollen, unas bolas fritas similares a buñuelos, elaboradas con masa y pasas y espolvoreadas con azúcar glas. Se consumen especialmente en Nochevieja y Año Nuevo, tanto en hogares como en puestos callejeros, como forma dulce de cerrar el año.

Los daneses reciben el Año Nuevo con el kransekage, una espectacular torre de anillos de pasta de almendra, crujiente por fuera y tierna por dentro. Es un postre reservado para grandes celebraciones y suele servirse junto al brindis, convirtiéndose en uno de los símbolos gastronómicos de la noche.

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