El Gobierno plantea declarar a la angula en peligro de extinción y abre el debate en la hostelería
El Ministerio para la Transición Ecológica plantea declarar a la angula en peligro de extinción, una decisión que reabre el debate entre conservación ambiental y tradición gastronómica. Mientras el Gobierno defiende la medida para frenar el alarmante descenso de la especie, hosteleros como Manel González Benayas, del restaurante Pucela, advierte del fuerte impacto económico y cultural que supondría una prohibición total y reclama alternativas.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha incluido en el orden del día de la reunión del Comité de Flora y Fauna del próximo 17 de febrero una propuesta para declarar a la anguila europea (Anguilla anguilla) y su cría, la angula, como especie "en peligro de extinción" dentro del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE). Esta iniciativa, basada en criterios científicos y en informes internacionales que alertan sobre el fuerte declive de la especie, pretende reforzar su protección y frenar su progresiva desaparición.
Para el ministerio, la inclusión en el catálogo de especies amenazadas sería una herramienta clave para recuperar sus poblaciones y asegurar la biodiversidad en ríos y cuencas españolas. Sin embargo, la decisión no está exenta de controversia debido a su impacto en determinados sectores económicos y culturales, entre ellos la hostelería y la pesca tradicional en regiones donde la angula forma parte de celebraciones y actividades gastronómicas.
La voz del restaurante Pucela: tradición y preocupación
En restaurante Pucela, uno de los clásicos de la hostelería salmantina con más de seis décadas de historia, esta propuesta ha generado inquietud. Su propietario, Manel González Benayas, recuerda con pesar que en años anteriores organizaban cada febrero la Fiesta de la Angula, un evento que reunía a clientes y amantes de este producto, tradicionalmente traído desde lugares como el río Miño o Aguinaga. Por la escasez de angulas en las últimas temporadas, la celebración no se pudo llevar a cabo ni el año pasado ni este año, una señal más de la crisis que atraviesa la especie.
Para Manel, la decisión del Gobierno, aunque comprensible desde el punto de vista ambiental, "podría tener un impacto muy negativo en actividades económicas vinculadas a la angula, desde las instalaciones y personas que se dedican a su captura hasta sectores logísticos, empleados, la hostelería y la cadena de alimentación en general". Él defiende que se deberían buscar soluciones que no pasen por una prohibición total, sino por "un control más estricto de la captura y una regulación de la campaña de angula -actualmente abierta desde noviembre hasta primeros de marzo- para adaptarla a la disponibilidad real del recurso".
Manel González Benayas con dos ejemplares de bogavante en el restaurante Pucela
Esta posición refleja la tensión entre dos objetivos legítimos: la protección de la biodiversidad ante una especie en peligro crítico y la defensa de tradiciones y economías locales que dependen del aprovechamiento sostenible de recursos naturales. Mientras el debate continúa en el seno de las administraciones y las comunidades autónomas, sectores como el gastronómico miran con atención las posibles consecuencias, esperando que cualquier decisión final tenga en cuenta la complejidad del problema y las alternativas que permitan conciliar conservación y actividad humana.