Food porn o cómo convertir la comida en objeto de deseo
Hamburguesas perfectas que rezuman jugos por los cuatro costados. Torres de fundentes brownies bañadas por una brillante salsa de chocolate. Porciones perfectas de jugosas tartas. Una caja de esponjosos y coloridos macarons… La fotografía gastronómica actual nada tiene que ver con la del siglo pasado.
Del besugo asado rodeado de limones servido en la bandeja de horno hemos pasado a imágenes que tratan de seducir con primerísimos primeros planos de los ingredientes, muestran texturas de lo más estimulantes y suculentas. Fotos que nos invitan a traspasar la pantalla de nuestro ordenador o teléfono móvil. Estamos hablando del food porn, o lo que es lo mismo, convertir la comida en un objeto de deseo.
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Este fenómeno consiste en hacer fotos irresistibles a comida, habitualmente, de un alto contenido calórico. El término no es precisamente reciente. Apareció por primera vez en el año 1984, en el libro “Deseo femenino”, escrito por la feminista Rosalind Coward. Pero ha alcanzado su máxima expresión en los últimos años, sobre todo, con la popularidad de redes sociales como Pinterest o Instagram, en las que cualquiera –desde un fotógrafo profesional o un aficionado a la fotografía, hasta un mero amante del buen comer- puede publicar sus instantáneas de exquisitos platos. Las cifras hablan por sí mismas: en estos momentos, el hashtag #foodporn cuenta con casi 80 millones de publicaciones sólo en Instagram. Observamos cómo entre ellas se entremezclan fotografías perfectas, (casi) profesionales, con otras tomadas por el hábito de fotografiar todo aquello que comemos. Una tendencia que levanta pasiones tanto entre expertos fotógrafos como entre amateurs.
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Y es que es tal el auge de este fenómeno, que en el año 2011, se celebró la primera exposición dedicada a este tipo de fotografía gastronómica, en La Laguna (Tenerife). Bajo el título “Del bodegón al porn food”, la muestra estaba compuesta por más de medio centenar de imágenes de catorce fotógrafos españoles, como Francesc Guillamet (habitual de El Bulli), Mikel Alonso (Arzak) o los cocineros Sacha Hormaechea y Paco Roncero.
A continuación, os damos unos cuantos consejos por si alguno de vosotros se anima a presentar sus platos de esta forma tan sugerente:
- Lo principal para conseguir que la foto sea un deleite para la vista del espectador es tomar la imagen cerca de una fuente de luz natural. De este modo, podremos capturar fielmente los colores y texturas del plato. Los colores los podremos realzar si, además, utilizamos una vajilla lisa y blanca, que colocaremos sobre un fondo de madera sin barnizar.
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- Otro truco que funciona bastante bien es capturar la instantánea desde muy cerca. Con ello lograremos que la zona más próxima a la cámara de nuestro teléfono esté enfocada, y el resto del encuadre, desenfocado. Si esto no se nos da muy bien, también tenemos la opción de capturar la imagen desde lejos, y elegir el encuadre con el propio móvil.
- En muchos casos, es preferible huir de los filtros, ya que pueden distorsionar la foto.
Un palabro, #foodporn, que mezcla lujuria y gula, que no deja de ser una manera más de acercarnos a la gastronomía y de estimular, en este caso, el sentido de la vista y arrojarnos a los brazos de las tentaciones.


