Historia del Lunes de Aguas: el curioso origen de una fiesta única en Salamanca
Esta jornada festiva es una de las celebraciones más populares de Salamanca, marcada por la convivencia y el hornazo. Sin embargo, su origen se remonta a una tradición histórica ligada a la Cuaresma que, con el paso del tiempo, ha dado lugar a una de las fiestas más singulares del calendario local.

El Lunes de Aguas es una de las celebraciones más arraigadas y esperadas en Salamanca. Cada año, ocho días después del Domingo de Resurrección, miles de salmantinos salen a parques, riberas y espacios al aire libre para compartir una jornada festiva en la que el hornazo se convierte en el gran protagonista.
Sin embargo, más allá del ambiente festivo, esta tradición tiene un origen histórico que se remonta varios siglos atrás y que explica el porqué de esta peculiar celebración.
El origen del Lunes de Aguas
Para entender el Lunes de Aguas hay que viajar hasta el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II. En aquella época, el monarca ordenó que las prostitutas fueran trasladadas fuera de la ciudad de Salamanca durante la Cuaresma, concretamente al otro lado del río Tormes, con el objetivo de mantener el orden moral durante este periodo religioso.
Estas mujeres permanecían alejadas de la ciudad durante toda la Cuaresma y la Semana Santa. Una vez finalizadas estas fechas, regresaban a Salamanca en un ambiente festivo que fue dando lugar, con el paso del tiempo, a la celebración que hoy conocemos.
El encargado de acompañar a estas mujeres en su traslado y posterior regreso era una figura conocida popularmente como el 'Padre Putas', cuyo nombre real era Lucas Fernández. Este personaje tenía la misión de velar por ellas durante su estancia fuera de la ciudad.
El regreso de las prostitutas se producía el lunes siguiente al Domingo de Resurrección, momento en el que los estudiantes y habitantes de la ciudad acudían a recibirlas a las orillas del Tormes en un ambiente festivo, con comida y bebida.

De tradición histórica a fiesta popular
Con el paso de los años, el sentido original de la celebración fue transformándose. Lo que en su origen estaba ligado a un contexto social concreto, terminó convirtiéndose en una jornada de convivencia y celebración colectiva.
Hoy en día, el Lunes de Aguas se vive como una fiesta popular en la que amigos y familias se reúnen para disfrutar al aire libre, especialmente en lugares como la ribera del Tormes o parques de la ciudad.
El hornazo, protagonista indiscutible
Si hay un elemento que define esta jornada es el hornazo. Este producto típico salmantino, elaborado con masa de pan y relleno de embutidos como chorizo, lomo o jamón, se ha convertido en el símbolo gastronómico del Lunes de Aguas.
Compartir hornazo es, hoy, la esencia de esta tradición, que une historia, gastronomía y convivencia en una de las citas más características del calendario salmantino.
