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Día Mundial de la Lasaña: de las mesas romanas al espacio

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Los romanos nos dejaron mucho más que coliseos, panteones y calzadas. También una rica tradición gastronómica en la que encontramos uno de los primeros antecedentes de un plato que, siglos después, terminaría conquistando el mundo: la lasaña.

Día Mundial de la Lasaña: de las mesas romanas al espacio

Hoy, 29 de julio, se celebra el Día Mundial de la Lasaña, una fecha perfecta para rendir homenaje a una elaboración capaz de adaptarse a todo tipo de ingredientes. De carne, pescado o verduras; recién salida del horno, ligera o servida fría, pocas recetas admiten tantas versiones.

Un plato con antecedentes romanos

Para encontrar uno de sus primeros antecedentes hay que viajar hasta la antigua Roma. En la cocina vinculada a Marco Gavio Apicio, gastrónomo romano del siglo I después de Cristo, ya aparecían los lagana, unas finas láminas de masa que se colocaban en capas junto a diferentes rellenos.

Aquella preparación todavía no llevaba tomate, bechamel ni queso gratinado, pero ya contenía la idea que continúa definiendo este plato: alternar capas de masa con distintos ingredientes.

Con el paso de los siglos, la receta evolucionó en Italia. Las láminas de pasta comenzaron a combinarse con carne, queso y salsas hasta dar lugar a versiones como la conocida lasaña boloñesa, elaborada con ragú, bechamel y queso.

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De la antigua Roma al espacio

La historia de la lasaña es también un reflejo de cómo ha evolucionado nuestra manera de cocinar y de comer. De aquellas primeras capas de masa que exigían largas horas de preparación se ha pasado a versiones listas para calentar, recetas más ligeras e incluso una lasaña capaz de viajar al espacio.

En 2013, este plato formó parte del menú del astronauta italiano Luca Parmitano durante su estancia en la Estación Espacial Internacional. La receta fue creada por el chef David Scabin y adaptada para conservarse durante meses y poder prepararse en condiciones de ingravidez.

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Pero no hace falta viajar tan lejos para comprobar su popularidad. La lasaña congelada se ha convertido en una solución habitual para disfrutar de este plato sin dedicar largas horas a su preparación.

Una muestra de esa popularidad está en el consumo doméstico. Según la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre), en 2020 los hogares españoles consumieron 9.269 toneladas de lasaña congelada, un 6,2 % más que el año anterior.

Carne, pescado o verduras

Aunque existen infinidad de recetas, las lasañas pueden dividirse principalmente en tres grupos según sus ingredientes protagonistas: carne, pescado y verduras.

La lasaña de carne es la versión más conocida y suele combinar ternera, cerdo o pollo con tomate, bechamel y queso. También existen propuestas más equilibradas, como la lasaña fit de ternera y verduras, preparada con carne magra, berenjena, calabacín, tomate y cebolla.

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Las lasañas de pescado pueden elaborarse con salmón, merluza o marisco. Algunas se sirven calientes, mientras que otras se adaptan especialmente bien al verano. Es el caso de la lasaña fría de atún, perfecta para estos días de calor en los que apetece una comida más fresca.

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Por último, las versiones vegetales permiten combinar ingredientes como berenjena, calabacín, espinacas, champiñones, tomate o pimiento. Una alternativa más ligera y llena de sabor que demuestra que este plato también puede prescindir de la carne sin perder su esencia.

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Un clásico que sigue reinventándose

Casera o congelada, caliente o fría, tradicional o ligera, la lasaña ha demostrado que puede adaptarse a cada época sin perder aquello que la hace reconocible.

Hoy es un buen momento para disfrutar de la receta clásica, probar una versión diferente o preparar una alternativa más fresca para el verano.

Porque la lasaña lleva siglos reinventándose y todavía encuentra nuevas formas de sorprender.