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Seis peculiaridades sobre Gonzalo Torrente Ballester, el ilustre literato

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El escritor gallego era un asiduo de la Plaza Mayor, a cuyas cafeterías acudía a redactar sus escritos. También solía dirigirse a los salmantinos desde el balcón del Ayuntamiento para inaugurar la Feria Nacional del Libro.

Seis peculiaridades sobre Gonzalo Torrente Ballester, el ilustre literato

1. Nacido en la aldea de Serantes (Ferrol, la Coruña) en 1910, se trata de uno de los mejores escritores españoles del siglo XX. Su infancia se caracterizó, como él mismo contaba siempre, por la presencia de las mujeres de la familia, de quienes heredó la exquisita tradición oral que dio origen a no pocos relatos. Al finalizar el bachillerato ya había leído a los grandes clásicos españoles y a la mayoría de los extranjeros.

2. Aunque empieza en 1938 como autor teatral (‘El viaje del joven Tobías') y desarrolla posteriormente su labor como crítico (Teatro Español Contemporáneo, 1957; ‘El Quijote como juego, 1977), es mucho más importante como novelista. 

3. Si su teatro es simbolista e intelectual, su narrativa comienza siendo realista desde ‘Javier Mariño’ (1943) hasta la célebre trilogía ‘Los gozos y las sombras (1957-1962). 

4. Su siguiente etapa es de experimentación narrativa, desde ‘Don Juan’ (1963) hasta La saga/fuga de J.B (1972), título clave de la novela contemporánea que inicia su trilogía fantástica (con Fragmentos de ‘Apocalipsis’, 1977, y ‘La Isla de los jacintos cortados, 1980), en la que la magia, el humor y la ironía se mezclan con la realidad. Ya a edad avanzada le llegan el reconocimiento popular (gracias a la versión de ‘Los gozos y las sombras) y los premios: el Nacional de Literatura (1981), el Príncipe de Asturias (1982), el Cervantes (1985) y otros muchos. 

5. Profesor de literatura hasta 1980, siguió escribiendo sin descanso hasta su muerte (‘Quizá nos lleve el viento al infinito’, ‘Yo no soy yo, evidentemente, Crónica del rey pasmado; La novela de Pepe Ansúrez; La boda de Chon Recalde; Doménica). En 1975, año de su entrada en la Real Academia se estableció en Salamanca hasta su muerte (1999), donde era un personaje querido y respetado. 

6. El 27 de enero de 1999, mientras dormía, falleció en su casa de Salamanca, ya casi en olor de santidad literaria, Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española y catedrático en el Estudio salmantino, le llamó “el Señor de las palabras”. Así resumía de manera tan acertada la dedicación de toda una vida al mundo de las letras y la docencia.