La bandera azul en las playas, ¿garantía de calidad ambiental o "marketing" para el turismo?

Lunes, 16 de Mayo de 2022
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La costa vasca, Baleares y municipios de las Rías Baixas o Asturias pierden interés por el distintivo y optan por otros. La entidad privada que las reparte, ADEAC, defiende que es el galardón "más exigente" a nivel medioambiental.

Bandera azul en la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, en una foto de archivo EFE/ÁNGEL MEDINA G.

Este año España ha vuelto a batir su récord de banderas azules en playas: 621, seis más que el año pasado. Gobierno, comunidades y hoteleros lo han celebrado como un reconocimiento a la calidad de los arenales españoles, pero cada vez son más quienes discrepan del valor medioambiental que tiene este distintivo.

"Es una figura estéril, un pedazo azul que ondea en la playa, pero estas playas no mejoran nada ambientalmente por tenerla", asegura a RTVE.es Xisco Xavier Roig, doctor en Geografía y coautor de un estudio que analiza cómo han evolucionado la calidad de varios puntos del litoral balear que han recibido el galardón en las últimas décadas. Sus conclusiones son contundentes: las banderas "no han servido en ningún caso para mejorar, restaurar o revertir la degradación" que sufren estos arenales por su "gestión y frecuentación masiva".

Precisamente las islas han protagonizado varias polémicas sobre las banderas azules, otorgadas desde 1987 por la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC), una organización privada sin ánimo de lucro. Baleares lleva perdiendo banderas desde 2014 -ha pasado de 61 en aquel momento a 30 este año-, debido en gran parte a que muchos municipios, como Ciutadella en Menorca o Sant Josep de Sa Talaia, en Ibiza, han renunciado a pedirlas, mientras que Formentera dejó de hacerlo hace más de dos décadas. En 2016, el entonces vicepresidente balear Biel Barceló aseguró que ADEAC les había pedido dinero y habían rechazado pagarlo, ya que "los turistas no valoran especialmente que una playa tenga o no el distintivo" y arenales vírgenes como el de Illetes en Formentera no lo tenían.

Desde ADEAC, su presidente José Palacios resalta que el galardón, avalado como "el más exigente" de entre todos los que existen actualmente por la Organización Mundial del Turismo, lo concede un jurado internacional. Recuerda además que la bandera azul no ha dejado de expandirse en España, el país con más distintivos del mundo.

Baleares no es la única comunidad que ha perdido interés en el galardón. Por primera vez, la costa vasca no tendrá este año bandera azul, ya que ningún municipio la ha pedido y han optado por otros certificados que consideran "más exigentes" ambientalmente, según apuntan fuentes de la Diputación Foral de Bizkaia. También renunciaron a ella en los últimos años Llanes, en Asturias, al considerar que los criterios son "arbitrarios" y no tienen "rigor", y concejos cercanos como Ribadesella o Ribadedeva. En Galicia lo han hecho municipios de las Rías Baixas como Rianxo, O Grove o Nigrán, localidades en las que se ubican algunas de las playas más frecuentadas de la zona, como las de Lanzada, América o Panxón.

Las razones para negarse a pedir la bandera son variadas. Muchos, como el alcalde de Nigrán Juan González, que la calificó de "trapo sobre un mástil" consideran que no tiene un impacto en el turismo, ya que en los años en los que no han tenido bandera no ha bajado por ello el número de visitantes. Otros creen que certificados alternativos, como la Q de calidad, el ISO 14001 y 9001 o la EMAS que otorga la Comisión Europea, tienen estándares ambientales más elevados. En El Vendrell (Tarragona), que el año pasado renunció por primera vez en tres décadas a solicitar la bandera, consideran que el distintivo premia playas "muy humanizadas", criterios contrarios al proyecto de renaturalización que lleva a cabo el municipio.

ADEAC responde: "Quienes no pueden obtener la bandera nos critican"

La bandera azul "es un galardón de muy alto nivel en calidad medioambiental, educativa y de seguridad. La polémica está en que algunos que no pueden obtenerlo nos critican porque no llegan a esos niveles", se defiende Palacios.

Para conseguir una bandera azul, un municipio debe garantizar la calidad del agua con muestras periódicas, mantener la limpieza de la playa, tener accesos fáciles, seguros y accesibles en el caso de las playas urbanas, y disponer de un equipo suficiente de socorristas y material de primeros auxilios. El distintivo lo otorga un jurado internacional de la FEE, la Fundación Europea de Educación Ambiental a la que representa ADEAC en España. La asociación envía un equipo formado por "entre 15 y 16 profesionales del más alto nivel científico" para comprobar que la playa cumple con estos criterios, y en el caso de que no lo haga, se retira, según explica Palacios. Cada año se cerca de una quincena de banderas de las 600 que hay en España.

El problema, para Roig, es que en lo que respecta a las exigencias ambientales, estas ya son obligatorias para cualquier playa, independientemente de que opte o no a una bandera azul. El académico y consultor ambiental señala que esta bandera sí que tenía sentido cuando empezó a extenderse por España, en los años ochenta y noventa, cuando había un escaso respeto por el valor ecológico de las playas y en ellas se acumulaba la contaminación y los vertidos. "Pero poco a poco la normativa ha ido evolucionando, y todos los problemas que pretende corregir la bandera azul ya quedan corregidos por la legislación. A día de hoy tienen más un sentido de marketing", apunta.

Por la ley de Costas, la directiva europea de calidad de aguas y las regulaciones de los ayuntamientos, estos ya están obligados a tomar muestras de la calidad de la zona de baño para evitar la presencia de elementos tóxicos, sigue Roig. Afirma, además, que la bandera azul no fomenta una mejora continua de la playa y al tratarse de un distintivo principalmente turístico, potencia una alta ocupación antes que la protección del ecosistema.

También son críticos con la bandera azul desde Greenpeace, que ven este distintivo como "una auditoría privada cuyo potencial es turístico". Su responsable de la campaña de Océanos, Pilar Marcos, denuncia que "la calidad de una playa no se debería medir por unas mediciones puntuales de químicos", y pone como ejemplo playas como las de Roquetas de Mar, en Almería, que han recibido la bandera azul a pesar de que se han registrado vertidos de aguas fecales.

Más que la calidad ambiental, se premia "el uso casi de parque recreativo de las playas". Otras playas donde ondea la bandera, como las de Nerja y varias más de la costa de Málaga, son "auténticos bares, y en algunas hay incluso césped", añade Marcos. En cambio, valora el ejemplo de Asturias o Menorca, "donde su interés es salvaguardar los valores naturales y no se obsesionan tanto con las banderas".

Fuente: RTVE


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