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La hostelería carga contra el modelo de comida preparada de Mercadona

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La patronal considera que este modelo se acerca cada vez más al terreno de la restauración sin asumir las mismas obligaciones, aunque el debate también pone sobre la mesa una realidad evidente: los hábitos de consumo están cambiando y cada vez más personas optan por soluciones rápidas y económicas para comer fuera de casa.

La hostelería carga contra el modelo de comida preparada de Mercadona

La comida preparada en supermercados ha pasado de ser una solución puntual a convertirse en un hábito cada vez más visible. Platos calientes, mesas dentro del establecimiento, microondas, bebidas frías y una oferta pensada para resolver una comida rápida han cambiado la forma en la que muchos consumidores entienden el momento de comer fuera de casa.

El debate ha vuelto a la actualidad después de que el presidente de Hostelería de España, José Luis Álvarez Almeida, haya criticado el crecimiento de estos formatos y haya pedido al Gobierno medidas para regularlos. Considera que algunos supermercados están acercándose al modelo de bar o restaurante sin asumir las mismas obligaciones que estos establecimientos, lo que a su juicio genera una situación de competencia desigual.

Uno de los ejemplos más citados es Mercadona y su sección 'Listo para Comer', implantada ya en más de 1.460 tiendas en España y con una facturación que, según distintas informaciones, supera los 1.000 millones de euros anuales.

El crecimiento de la comida preparada en supermercados

El modelo no es exclusivo de Mercadona. Otras cadenas también han reforzado su oferta de platos preparados, productos listos para calentar o consumir y soluciones rápidas para quienes buscan comer sin pasar por una cocina. Carrefour, por ejemplo, ha lanzado en los últimos años nuevos productos preparados siguiendo esta tendencia de conveniencia y consumo inmediato.

La cuestión de fondo está en determinar dónde termina la actividad comercial de un supermercado y dónde empieza una actividad más cercana a la restauración. Para el sector hostelero, el problema no está únicamente en que se vendan platos preparados, sino en que algunos establecimientos incorporen zonas de consumo y servicios asociados sin estar sometidos, según denuncian, al mismo marco normativo, fiscal o laboral que bares y restaurantes.

Desde esa perspectiva, la patronal reclama reglas más claras y una igualdad de condiciones para todos los operadores que ofrecen comida lista para consumir en el propio establecimiento. El asunto no es menor, porque afecta directamente a uno de los formatos más sensibles de la hostelería tradicional: el menú del día.

Por qué muchos consumidores comen en el supermercado

Más allá de la disputa empresarial, el fenómeno también habla de cómo han cambiado los hábitos de consumo. Muchas personas no eligen comer en un supermercado por aspiración gastronómica, sino por practicidad, precio o falta de tiempo. En jornadas laborales ajustadas, con presupuestos más limitados y ritmos urbanos cada vez más acelerados, un plato preparado por pocos euros se convierte en una solución inmediata.

Ahí aparece una de las claves del debate: si el consumidor compara una comida rápida de supermercado con un menú de restaurante, no siempre está comparando la misma experiencia. En un restaurante se paga también el servicio, el espacio, el personal, la elaboración, la limpieza, el ambiente y la posibilidad de sentarse a comer con calma. En un supermercado, en cambio, el reclamo suele ser otro: rapidez, precio y funcionalidad.

Pero también hay una lectura incómoda para la hostelería. Cuando parte del público percibe que algunos menús ofrecen comida recalentada o poco diferenciada a un precio cada vez más elevado, la alternativa del supermercado gana terreno. No necesariamente porque sea más atractiva desde el punto de vista gastronómico, sino porque el consumidor siente que la diferencia de experiencia no siempre justifica la diferencia de precio.

El auge de los platos preparados refleja, por tanto, una tensión entre dos modelos. Por un lado, la hostelería tradicional, que defiende su papel económico, social y cultural. Por otro, la gran distribución, que responde a una demanda creciente de conveniencia. Entre ambos queda el consumidor, que decide muchas veces condicionado por el tiempo, el bolsillo y la disponibilidad.