La nueva era de “Instagram Food” está haciendo que muchos restaurantes se decanten por producir comida vistosa y llamativa, dejando de lado el sabor y la calidad de las materias primas.

¿Haces fotografías a los platos que comes en los restaurantes para mostrarlo a tus seguidores en las redes sociales? ¿O prefieres respetar a los chefs que apuestan por no despreciar a los platos menos vistosos?
Hace años, cuando te ponían el plato en la mesa, era raro que alguien sacase el móvil del bolsillo y hacía una fotografía a la comida. A día de hoy, el extraño es el que no saca una instantánea del plato que le acaban de poner. El objeto de todas las miradas son los contactos de las redes sociales.
Instagram ha sido la aplicación que ha propiciado este cambio de paradigma en el que, como lamentan muchos chefs, críticos y aficionados a la cocina, lo importante ya no es el sabor, sino la apariencia de la comida.
David Chang se convirtió en pionero al imponer una política de `no fotos´ en su restaurante, y poco a poco, se han ido sumando cada vez más cocineros, pero de restaurantes reputados. El popular chef Gordon Ramsey no estaba muy convencido de esta tendencia y los calificó como “viejos que se han quedado encasillados”.
Este último dio una buena razón por la que esta moda es útil para la mayoría de restaurantes, aunque no es tan buena para los que aparecen en la guía Michelín. Que compartan las fotos de tus platos es un halago, además de la mejor herramienta de promoción que tienes a tu alcance.

Los que critican esta moda recuerdan que en realidad esto solo favorece a los platos espectaculares y bonitos, y desprecia a los menos vistosos pero que son sabrosos, con buenas materias primas o innovadores. Esta tendencia está cambiando tanto la forma en que comemos, como la manera de cocinar los platos.
Normalmente, la mayoría de platos que se consideran de buen ver, no encajan en lo que se considera buena gastronomía ni son precisamente saludables, como la pizza, los helados, los batidos con muchos `topping´, las hamburguesas con queso fundido... Esta es otra de las quejas más habituales, que recuerdan que para que algo llame la atención, probablemente debe llevar una gran cantidad de azúcar, colorantes o conservantes, y a muy a menudo ser dulce o completamente grasiento.
Habrá quien diga que esto muestra que la cocina ha evolucionado y que ahora el aspecto visual es más importante, algo que también contribuye de forma positiva a disfrutar de lo que comemos. Pero los chefs Michelín que han prohibido el uso de las fotografías se quejan de que los flashes, los sonidos y el tumulto que se forma alrededor de las fotografías pueden ser molestos para el resto de comensales.

Estos chefs recuerdan que una fotografía no revela todos los matices del sabor del alimentos, e incluso pueden llegar a molestarse si la instantánea no es buena, puesto que puede perjudicarles desde un punto de vista comercial.
Ese asunto puede parecer una gran batalla, pero ambos bandos tienen sus buenas razones para defender una cosa u otra. Pero no hay duda de que está cambiando tanto la manera en que los restaurantes presentan y promocionan sus productos como lo que comemos, mucho más visual que hace tan solo 15 años.