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Fabada en lata: una opción a tener muy en cuenta

Las latas de fabada forman parte del fondo de muchas despensas. Algunas marcas se han ganado su sitio haciendo productos de buena calidad, ricos y a buen precio, aunque también hay productos mediocres.

Fabada en lata: una opción a tener muy en cuenta

La fabada asturiana, o simplemente fabada, es un plato tradicional de la cocina asturiana que se elabora con fabes (alubias) y embutidos como chorizo, morcilla y panceta. La receta no es complicada, pero exige mucho tiempo en la cocina. Para empezar, hay que poner las fabes a remojo de víspera, y armarse de paciencia durante unas tres horas que dura la cocción, en la que habrá que “asustarlas” varias veces con un chorro de agua fría, según informa la OCU.

Los embutidos se cocinan al mismo tiempo en una cazuela aparte para desengrasarlos o, si se prefiere, puede hacerse en la misma olla que las fabes. Como se puede ver, la fabada no es un plato que se pueda improvisar en el momento ni cocinar con prisas; si no tienes tiempo, no podrás tomar en casa un buen plato de fabada... a no ser que recurras a una fabada en conserva.

Hace más de 25 años que la industria alimentaria pensó en fabricar platos preparados de fabada para facilitar las cosas a la gente que no tiene tiempo, no es muy cocinillas o le da pereza preparar un puchero para un solo comensal. ¿Son de buena calidad las latas de fabada que venden en los supermercados?

Son muchas las marcas y cadenas de supermercados que comercializan este producto. Algunas latas se presentan en estuches de cartón, lo que les da una apariencia más gourmet; también hay una fabadas en tarro de cristal y otras envasadas en barquetas listas para meter al microondas. 

Estas presentaciones diferentes a la simple lata se pagan mucho más caras, sobre todo las latas que van dentro de una caja de cartón: por ejemplo, una lata de fabada Auchan (de venta en Alcampo) cuesta 0,98 euros, mientras que la lata en caja Auchan Gourmet cuesta 3,99 euros. Y, sin embargo, ni el análisis de laboratorio ni la degustación profesional concluyen que merece la pena pagar esa diferencia.

No indican el origen de los ingredientes

Como la fabada es un plato preparado, la industria no tiene obligación de indicar en la etiqueta el origen de los ingredientes. No obstante, en OCU creemos que es interesante para el consumidor. En 6 de las latas, el fabricante ha querido mostrarlo: en 4 se refieren a los embutidos (son de Asturias) y en 2 a las alubias (Asturias y España). Otros 6 fabricantes nos han respondido directamente que utilizan alubia procedente de Sudamérica.

Otro detalle que falta en muchas etiquetas, porque tampoco lo exige la normativa, es el porcentaje de ingredientes empleados. La fabada ideal debería tener un 65% de alubias, 25% de salsa y 10% de compango (morcilla, chorizo y panceta como principales productos cárnicos).

No son muy grasas

Nutricionalmente, las fabadas analizadas están bien, sobre todo 7 de ellas a las que les correspondería una valoración Nutriscore con la letra A (la mejor valoración posible). Otras 11 fabadas recibirían una B y otras 4, una C. No hay valoraciones malas (D y E).

  • Aunque parezca que la fabada es muy grasa, vemos que el contenido medio es de un 9%. En cuanto a las grasas saturadas que provienen del embutido y cuyo consumo conviene limitar, rondan el 3% del producto, lo cual es positivo.
  • La sal no es exagerada, salvo en un producto.
  • En general, como es de esperar en un plato que combina legumbres con productos cárnicos, el aporte de proteínas es alto y completo.
  • De fibra tampoco están mal, en torno al 4%, aunque con mucha variabilidad según la marca.
  • El aporte energético es, de media, 154 kcal/100 g. Un plato de 330 g (porción media sugerida por los fabricantes) tiene unas 500 kcal.
  • Aunque el etiquetado frontal Nutriscore no lo tenga en cuenta, nosotros sí valoramos la presencia de aditivos, y es una buena noticia que no se encuentren en 13 de las 22 fabadas estudiadas. Penalizamos la presencia de nitratos y nitritos, potenciadores de sabor y colorantes, que en muchos casos vienen de los embutidos empleados.
  • Tampoco son bienvenidos los aromas a jamón o humo presentes en tres fabadas.

Un plato rico y bien conservado

Todos los envases tienen un sellado correcto y las latas son herméticas, lo que se traduce en una buena conservación al vacío y ausencia de problemas de higiene. Tampoco se detectan metales pesados.

En definitiva, hay fabadas con una composición nutricional saludable, sin aditivos y que pasan perfectamente el control de calidad, sin ser nada caras… ¿pero están ricas? Un panel de siete jueces entrenados por el laboratorio ha hecho una cata valorando la intensidad del color, el sabor y el olor, y también la textura, es decir, la firmeza de las alubias, la harinosidad, mantecosidad, etc. Todas las muestras han salido bien, pero en el comparador puedes ver cuáles son las que destacan.