Las temperaturas nocturnas baten récords: de las olas de calor a las noches tropicales

Lunes, 18 de Julio de 2022
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Casi todas las provincias han experimentado noches tropicales este verano. La ola de calor ha dejado registros nunca vistos en las temperaturas mínimas.

El calor está presente estos días en los telediarios, en las calles y, de manera singular, cuando nos vamos a dormir. La segunda ola de calor del verano 2022 en la península y Baleares - la primera del año en Canarias- ha batido récords de temperaturas máximas, pero su impacto sigue cuando el sol se va. “Quizá lo más relevante de la ola de calor que estamos viviendo ahora son las temperaturas mínimas tan altas que se están registrando”, señala Albert Barniol, responsable de El Tiempo de TVE.

En un contexto de calentamiento global irrefutable, las temperaturas mínimas también están aumentando y cada vez se registran más noches de calor extremo. Sobre todo, noches tropicales -aquellas en las que las temperaturas no bajan de 20 grados-, pero también noches tórridas, con mínimas por encima de los 25 grados. 

Entre el 1 de junio -comienzo del verano climático- y el 12 de julio, solo 13 de las 52 capitales de provincia se han librado de las noches tropicales. Destaca el caso de Galicia, donde esta semana se han vivido temperaturas nocturnas nunca vistas en la región: “En esta ola de calor se han registrado las primeras noches tórridas en la comunidad. Son factores muy extremos que se deben al cambio climático”, afirma Dominic Royé, climatólogo e investigador de la Universidad de Santiago de Compostela, en declaraciones a DatosRTVE. En otras provincias españolas donde el calor nocturno es más habitual, como Baleares o Barcelona, las noches por encima de los 20 grados son la tónica en lo que va de verano.

Y el problema de que el ambiente no se enfríe por la noche va más allá de la incomodidad: está relacionado directamente con la mortalidad.

El peligro de que el calor no nos deje dormir bien

La relación entre las altas temperaturas y la mortalidad es inequívoca. Pero cada vez hay más evidencias del riesgo que supone también el calor nocturno.

La fase del sueño más sensible tiene lugar en las primeras horas de la noche, que es la que acumula las mayores alteraciones por estrés térmico. Cuando nuestro cuerpo se prepara para descansar, el termómetro pone a prueba los mecanismos con los que mantiene estable la temperatura interna. “El cuerpo tiene que bajar el ritmo cardiaco y entrar en las fases profundas de sueño. Si no lo conseguimos, el sueño es ligero y no descansamos adecuadamente”, explica Royé.

Hasta qué punto afecta esa disrupción del sueño por el calor a nuestra salud es la pregunta que el investigador aborda en un estudio sobre el efecto del calor nocturno en la mortalidad en el sur de Europa publicado en 2021. “Hace años me planteé cómo influye la noche en la salud, sobre todo teniendo en cuenta que la máxima del día a veces no es tan importante como la temperatura de la noche, porque tienes que poder descansar”, cuenta. Su conclusión es rotunda: “Hay una clara relación entre el exceso y la duración del calor nocturno y el riesgo de mortalidad”.

Y el efecto importa independientemente de la temperatura diurna. Si un día tenemos una temperatura máxima de 43 grados y una mínima de 15, el estrés térmico afectará durante unas horas concretas. Pero, si partimos de una temperatura mínima que ya es alta de por sí, el tiempo de estrés térmico se alarga, aunque el termómetro no suba tanto durante el día. “Una persona saludable no se va a morir por eso”, puntualiza Royé, “pero con un estrés térmico constante aumenta la posibilidad, especialmente en personas con riesgo cardiovascular”.

¿Por qué no bajan tanto las temperaturas por la noche? La explicación meteorológica empieza, a grandes rasgos, con una masa de aire que adquiere propiedades del lugar donde está: sobre el Mediterráneo será una masa húmeda; sobre el desierto del Sáhara, cálida y seca. Cuando por motivos atmosféricos una masa cálida entra desde el norte de África hacia la península, se refuerza el calentamiento que España tiene de por sí durante el verano. A eso se suman las noches cortas de estos meses de verano -con pocas horas para que el ambiente se refresque- y la estabilidad atmosférica que estamos experimentando, en la que masas de aire especialmente cálidas llegan para quedarse varios días. Eso es lo que está ocurriendo ahora, lo cual dificulta que funcionen los mecanismos habituales de refrigeración. “Es como si tuvieras un secador encendido toda la noche”, resume Barniol. 

Fuente: RTVE


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