Es un referente en el sector salmantino de la panadería y repostería, pero al igual que otros grandes emblemas de la ciudad, la empresa no ha podido aguantar la competencia ni la imposibilidad de hacer frente a los gastos.

Los porqués del cierre de El Hinojal tenemos que buscarlos en los elevados costes de su actividad, en la imposibilidad de recuperar la inversión del nuevo obrador del Polígono Industrial Montalvo III y en los productos prefabricados de las grandes marcas, que suponen una gran competencia. Todos estos factores han provocado que esta sea la última semana de la empresa.
Fue en el año 1983 cuando comenzó su andadura como una pequeña empresa familiar con el bisabuelo Heliodoro, y hasta la fecha, se había ido convirtiendo en una gran empresa, introduciendo en el mercado una amplia gama de productos, unos de raíz tradicional y local; y otros novedosos y deslumbrantes e investigando nuevos y más eficaces modos de distribución. De hecho, recientemente, abrieron su línea de producción con fondant, Petra, un proyecto gastronómico que fusionaba la comida casera tradicional con lo último en pastelería.
Paloma Hernández, codirectora del proyecto Petra.
Más de 30 personas trabajaban y comercializaban con sus más de 500 referencias. Además, la marca disponía de cinco tiendas de venta especializada y sus productos se pueden encontrar en más de 200 centros de distribución repartidos por toda la provincia. Esta revista ha intentado contactar con los responsables de El Hinojal para conocer su versión, sin éxito.