Nueva ley de desperdicio alimentario: cómo afecta a la hostelería
El pasado jueves 20 de marzo se aprobó finalmente la Ley de Desperdicio Alimentario. Se había presentado por primera vez durante la pasada legislatura, pero no había tenido luz verde hasta ahora. Estas medidas permitirán aprovechar mejor los recursos, reducir el impacto ambiental y ahorrar dinero. ¿Cómo afectará a los ciudadanos y a las empresas?
El Congreso de los Diputados aprobó el pasado jueves la nueva Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, tras el debate y votación de las enmiendas aprobadas por el Senado. La iniciativa legislativa busca lograr una reducción del 50% de los residuos alimentarios per cápita en el ámbito de la venta minorista y el consumo, así como una bajada del 20% de las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro para el año 2030.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que cada año se desperdician unos 1.300 millones de toneladas de comida, lo que supone en torno al 30% de los alimentos que se producen. Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, España desperdició en 2023 casi 1,3 millones de toneladas.
¿Cómo afecta a la hostelería la nueva ley de Desperdicio alimentario?
La nueva normativa introduce medidas concretas para facilitar y fomentar entre los consumidores la práctica de llevarse a casa los alimentos no consumidos en restaurantes, con el objetivo de reducir el desperdicio alimentario. A partir de ahora, los establecimientos de restauración (salvo aquellos con servicio tipo bufé libre o formatos similares) estarán obligados a permitir que los clientes se lleven las sobras de su comida sin coste adicional. Esto implica que no podrán cobrar por los recipientes en los que se entreguen los alimentos, una práctica que hasta ahora algunos locales mantenían a pesar de que no podían negar la solicitud del cliente de llevarse la comida.
Los envases que se utilicen para este fin deberán ser adecuados para el uso alimentario y, además, cumplir con criterios de sostenibilidad: tendrán que ser reutilizables, reciclables o ajustarse a la normativa vigente para limitar el uso de plásticos de un solo uso. De esta manera, la medida no solo pretende evitar que se tiren alimentos en buen estado, sino también contribuir a una menor generación de residuos plásticos en el sector de la hostelería.

Asimismo, la norma contempla la obligación por parte de los restaurantes y bares de informar de manera clara y visible sobre esta posibilidad. Esta información deberá estar incluida en los menús, cartas o en cualquier otro soporte accesible para los clientes, de forma que conozcan sus derechos desde el momento en que acceden al establecimiento.
Venta de alimentos 'feos'
La legislación también contempla medidas de buenas prácticas. Algunas están dirigidas a establecimientos comerciales, como la que anima a incentivar la venta de productos que se consideran 'feos', imperfectos o poco estéticos; por ejemplo, frutas, verduras y hortalizas con formas que se salen de lo que estamos acostumbrados a ver.
Como se suele decir, “comemos por los ojos”, así que ese tipo de alimentos solían destinarse a otros usos, como la elaboración de productos derivados (por ejemplo, zumos), la alimentación animal o incluso se acababan desechando.
Alimentos de temporada, proximidad y su vida útil
Otra de esas medidas de buenas prácticas anima a promover el consumo de productos de temporada y de proximidad. De este modo se puede reducir el desperdicio porque los alimentos que proceden de lugares lejanos pierden parte de su vida útil durante el transporte, momento en el que además se pueden deteriorar. Además, en caso de tener que desecharlos, la pérdida es mayor, dado que requieren más recursos para su distribución.
La ley también anima a incentivar la venta de productos cuya vida útil esté próxima a expirar. Esto puede suponer, por ejemplo, que los establecimientos bajen el precio de los productos con fecha de consumo preferente o fecha de caducidad próxima para animar a su compra.

Además, se incentivará a las empresas productoras para que ajusten las fechas de vida útil al máximo (obviamente priorizando la seguridad alimentaria). La idea es tratar de evitar que desechemos esos alimentos una vez que ha vencido su fecha, incluso aunque a veces siguen siendo aptos para el consumo. Esto puede ocurrir sobre todo con los productos que tienen fecha de consumo preferente, dado que, una vez vencida, no suponen un riesgo inminente para la salud. Lo que ocurre en estos casos es que ven mermadas algunas de sus características organolépticas; por ejemplo, unos garbanzos podrían resultarnos menos jugosos y con menos matices de aroma y sabor, pero sin suponer un riesgo para la salud.
Aprovechamiento de alimentos
Se establece una jerarquía de prioridades para aprovechar los alimentos y reducir el despilfarro. Por ejemplo, indica que los establecimientos de más de 1.300 metros cuadrados deben suscribir convenios de colaboración con Organizaciones No Gubernamentales (ONG) para la donación de alimentos (obviamente de aquellos que corran riesgo de ser desperdiciados, pero no supongan riesgo para la salud), algo que ya hacían voluntariamente muchas empresas distribuidoras.
La segunda prioridad sería la transformación de alimentos que sean aptos para el consumo humano, por ejemplo, para la elaboración de zumos o mermeladas.
En caso de que los alimentos no sean aptos para el consumo humano, las prioridades serían, por este orden: alimentación animal y fabricación de piensos; uso como subproductos en otras industrias o finalmente como residuos, para obtención de compost o biocombustibles.