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La sinceridad me obliga. Tengo que pedir disculpas a mi admirada Eva González (Directora de esta página) por el hecho de, una vez más, apartarme del tema gastronómico en mis artículos de colaboración. Prometo intentarlo Eva, pero me vas a permitir que en esta ocasión siga sin hablar de gastronomía para poner el acento en un tema, yo diría que antropológico por excelencia. Y allá voy, con tu permiso. (Antropológico, social, psicológico-colectivo…) No lo sé muy bien. |
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Bueno. Llevamos ya, prácticamente, 4 años de fuerte crisis. Una situación que por su idiosincrasia específica nada tiene que ver con otras vividas años atrás. Los más mayores en el viejo oficio de comprar y vender no recordamos otra crisis con tanta virulencia y ni con tanta ignorancia sobre su procedencia. (Me llama la atención este detalle).
Porque al principio culpamos al gobierno de turno (yo el primero), luego que si los bancos, después la alegría con la que vivíamos y ahora parece ser que la cosa proviene de “los mercados” que nadie sabe lo que son ni donde habitan. Yo me inclino por un “cocktail” de todo ello que también a los responsables económicos de los principales países implicados sorprendió. En todo caso, una situación ciertamente profunda y, peligrosamente, sin soluciones a corto plazo .
Pero en realidad, no es éste el motivo principal de mis consideraciones.
Yo, que cada mañana me saturo de noticias procedentes de todos los medios, voy notando día a día, cómo esos medios precisamente coinciden en “bombardear” mi cerebro con noticias negativas y de desánimo. Ciertas, no lo dudo, pero negativas. Y ya luego de leerlas o escucharlas me invade una tremenda duda. ¿Qué hago? ¿Sigo?, ¿Lo dejo estar?, ¿Tiro la toalla? Total, si todo se va a ir al garete, ¿para qué seguir peleando…?
Después de varios cafés, después de analizar resultados, luego de dar los buenos días a las personas que de mi negocio viven, ellos y sus familias, me entra como una especie de revulsivo psicológico-profesional, diría que un afán de rebeldía ante la evidencia y mi corazón comienza a bombear con fuerza en contra de unos acontecimientos que, ni de coña, voy a dejar que me venzan.
Puede que me sienta David en mi empeño, no lo sé, pero creo, sinceramente lo creo, que además de todo eso “apocalíptico donde lo haya” nos ha llegado también el momento de “INVENTAR”. No nos queda otra. Inventar nuevos sistemas, nuevas maneras de darnos a conocer, (lo siento por la publicidad convencional que cada día me convence menos), inventar nuevas maneras de demostrar lo que somos capaces de hacer, inventar la manera de poner “patas arriba” los viejos sistemas y adelantarnos a lo que nos pueda venir…. INVENTAR.
Entonces, será muy posible que los autores de tanta desgracia se convenzan, ya de una vez, de que con nosotros, conmigo… no van a poder. Me obligarán a dejarlo hoy, pero no impedirán que lo retome mañana mismo y a los medios, por favor: ¡Alguna buena noticia de vez en cuando!.
Y concluyo: Si Mahoma no va a la montaña… la montaña irá a Mahoma. ¿O no?
Juan Santamaría
Chef Director del Restaurante Cala Fornells
Tejares, Salamanca
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