Rememorando la Salamanca del ayer: Mantequerías Paco
Fue él último establecimiento de ultramarinos de la ciudad y cerró sus puertas en 2016 tras no encontrar relevo. Antes de que llegara Amazon restauradores, aficionados y curiosos encontraban allí todo lo que buscaban. Hoy lo recordamos con nostalgia en nuestra revista digital volviendo a rescatar el reportaje que publicamos precisamente un mes de agosto del año 2010, cuando el negocio comenzaba ya a notar una disminución de su hasta el momento clientela haitual: la restauración.
Sí, tiene 54 años, nació en… ¡1956!
Aunque es fácil de decir, mantener una profesión y un mismo negocio durante más de cincuenta años no es nada sencillo. Un gran ejemplo de ello es Mantequerías Paco, que ha cruzado el medio siglo de trayectoria sin que nada pudiera superar al ilustre ultramarinos salmantino. Guillermo López Sánchez, actual propietario del establecimiento e hijo de Paco, el fundador, recuerda que la profesión de su padre siempre estuvo vinculada a la alimentación, tanto es así que antes de abrir la mantequería fue el “Sucesor de Pericacho”, en la calle Toro.

Familia al frente de Mantequerías Paco y fachada del mítico establecimiento hasta su cierre en 2016
De alimentos básicos a exclusivas delicatessen
La andadura de la tienda comenzó con la venta de alimentos básicos, entre los que se encontraban artículos de charcutería, conservas de pescado o de verduras y legumbres, entre otros. En la actualidad, el almacén de este local es un edén para los amantes de las delicatessen. Entre los miles de artículos que decoran las estanterías del original ultramarinos se encuentran exclusivos ingredientes para la repostería, como el caso de las esencias de múltiples sabores (anís, limón, vainilla, naranja), las gelatinas o la harina de almidón, imprescindible para elaborar el típico Bollo Maimón, que sólo se puede encontrar tras la puerta de Mantequerías Paco.
Interior del comercio con legumbres a granel, conservas, dulces al peso...
La especialización marca la diferencia
El puzzle de latas de conserva ordenadas en torretas imposibles del escaparate, llama la atención de los que transitan la calle María Auxiliadora, donde se ubica la tienda. De ahí que una mirada al escaparate del establecimiento sea suficiente para deducir que el interior aguarda grandes sorpresas al paladar. A día de hoy las especialidades de la casa son las legumbres y el bacalao en conserva, las primeras no sólo se aprecian en la provincia salmantina sino que, como dice Guillermo López, tienen clientes de ciudades como Bilbao o Madrid que contactan con ellos para realizar pedidos. Los saquitos que contienen dichas semillas comestibles de diferentes colores, adornan el suelo y retan, tanto a grandes como a pequeños, a vencer la tentación de revolverlas con la mano. Su otra especialidad es el bacalao en conserva en diferentes modalidades (migas, trozos, lomos, entero, etc.) y de muy alta calidad, que siguen despiezando con la guillotina con la que Paco empezó a trabajar.
Pequeños pero valientes
Como le sucede a muchas otras empresas, la situación económica no está ayudando a Mantequerías Paco. El propietario reconoce que la clientela relacionada con la hostelería se ha reducido mucho en los últimos tiempos (entre un 60 y 70% menos). Por ello determina la necesidad de que el personal de la tienda, seis en total, sigan llevando a cabo lo que les ha diferenciado desde siempre: transmitir confianza y seguridad en los productos que comercializan, asesorando lo mejor que saben, y saben mucho, a cada cliente de forma personal para que escoja el producto perfecto...
Tras seis décadas de trabajo, en 2016 decidieron cerrar el negocio al no encontrar a nadie que quisiera coger el traspaso, por lo que se vieron obligados a echar la trapa de uno de los locales comerciales más veteranos y que siempre permanecerá en la retina de los salmantinos nacidos en el siglo XX.