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Sábado, 11 de julio de 2026

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El romanesco, algo más que una col resultona

Característica de los meses de invierno, el romanesco o romanescu es una col de la familia de la coliflor y el brécol, que destaca por su curiosa forma angulosa. Apenas lleva tres décadas con nosotros, pues en España se introdujo en los años 80, pero cada vez son más los que se rinden a aus encantos.

Característica de los meses de invierno, el romanesco o romanescu es una col de la familia de la coliflor y el brécol, que destaca por su curiosa forma angulosa. Apenas lleva tres décadas con nosotros, pues en España se introdujo en los años 80, pero cada vez son más los que se rinden a sus encantos. Además, ¡estamos en el momento idóneo para disfrutar de ella!.


¿Cómo es el romanesco?

Lo primero que nos llama la atención es su estética: de un color verde vivo y con brotes que, simétricamente, forman estructuras cónicas muy agradables visualmente. De ahí que, también se use como elemento decorativo por recordarnos a algunos minerales con formas perfectas. Por otro lado, su textura es más crujiente que sus hermanas las otras coles y su sabor una mezcla entre la coliflor y el brócoli, pero su aspecto es tan bonito que curiosamente muchos consumidores lo rechazan por parecerle artificial.

Pero no nos quedemos solo en el exterior; el interior del romanesco es muy interesante, y es que, tiene propiedades nutricionales muy valorables. Las más destacadas son su alto contenido en fibra, vitamina C, provitamina A, ácido fólico, potasio y fósforo. Además, tiene muy pocas calorías (100 gramos tienen 31 calorías, aunque el aporte calórico variará dependiendo de cómo lo cocinemos), produce menos gases que la coliflor y potencia nuestras defensas para evitar todo tipo de enfermedades. Es, por lo tanto, un alimento muy a tener en cuenta en nuestra alimentación.

¿Cómo comemos romanesco?

Antes de comenzar a cocinarlo, tenemos que separar los ramilletes y limpiarlos. Lo que nos comemos es el pedúnculo de la flor, que ramifica indefinidamente. El romanesco admite varias técnicas culinarias: asado, frito, hervido, gratinado… Aunque principalmente se prepara cocido en agua, al vapor o al horno. Puede ser plato principal junto a otras verduras hervidas o hacer de condimento, por ejemplo, en una tortilla o con pescado.

Algunas recetas sencillas con romanesco

Macarrones con romanesco y parmesano: el romanesco se cuece en ramilletes pequeños en el mismo agua que la pasta, se cuela y se aliña con Parmesano rallado, pimienta negra recién molida y aceite de oliva virgen extra.

Pasta gratinada con romanesco: La elaboración es la misma que la anterior receta, pero el conjunto se cubre con bechamel y queso (emmental, gouda... alguno que funda bien) y se gratina al horno durante 10-15 minutos, hasta que la superficie quede doradita.

Romanesco en tempura: el romanesco se blanquea (sumergir un minuto en agua hirviendo), se baña en la mezcla de tempura y se fríe, ideal acompañarlo con salsa de soja.

Tortilla con cebolleta y romanesco: se hierve el romanesco hasta que esté al dente, se pocha la cebolleta en la sartén, se añade el romanesco y se saltea, añadir el huevo batido con sal y pimienta y cuajar.

Romanesco al ajoarriero: Cocer el vapor el romanesco hasta que esté al dente, mientras tanto sofreír ajo laminado en aceite de oliva, apagar el fuego y añadir pimentón, remover para que se dore con el calor residual. Finalmente añadir el vinagre y remover. Echar la mezcla sobre el romanesco hervido y salpimentado.