Razones por las que no comprar fruta cortada

Jueves, 8 de Julio de 2021
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Comprar fruta partida o troceada, puede ser dañino para la salud, ya que facilita que se desarrollen microorganismos capaces de provocarnos una toxiinfección alimentaria. Y no vale decir eso de "yo siempre la he comprado así, y nunca me ha pasado nada", por que eso no significa que esté bien hecho.

"La fruta tiene una protección natural, que es la piel, y en el momento en que la abrimos y cortamos, contaminamos su pulpa. Ahí empieza la proliferación de microorganismos que pueden intoxicarnos", cuenta Lluís Riera, director técnico y tecnólogo de alimentos de la consultoría SAIA. Según informa La Vanguardia.

“Aunque algunas frutas se hayan lavado, han pasado por muchas superficies y manos distintas. Es normal que estén contaminadas por fuera”, dice la tecnóloga de alimentos y divulgadora Beatriz Robles. "Estas comprando papeletas y hay más probabilidades de que te toque". Es así porque al dejar la carne de la fruta al descubierto, es más probable que se contamine de algún modo.

Este mismo año se ha relacionado el consumo de melones con un brote de salmonelosis que ha provocado una infección a más de 200 personas en 11 estados europeos, según ha informado Food Safety News. Las frutas más acuosas son más propensas a la contaminación, en cambio, en el caso de las ácidas, como los cítricos, es más complicado. Como crecen en contacto con la tierra, están expuestas a más microorganismos y desarrollan una corteza más dura y resistente para que proteja su pulpa. 

Solo hay un modo de comprar fruta cortada de forma más o menos segura. Que en el negocio donde la cojamos esté conservada en neveras y en la etiqueta indique la fecha y la hora en que ha sido cortada. "Si al llegar al súper nos encontramos la fruta cortada a temperatura ambiente y en la etiqueta solo indica el precio, omitiendo los datos de conservación, lo mejor será que no nos la llevemos", recomienda Riera.   

Y aunque en la tienda o supermercado sigan estas directrices, no nos podemos descuidar. Cómo la transportamos hasta casa también es clave para evitar que se contamine.  Lo mejor es llevarla en una bolsa para congelados, y meterla en la nevera enseguida, igual que haríamos con unos filetes. "Debemos intentar que esté a temperatura ambiente lo menos posible", recomienda el tecnólogo de alimentos. 

Es mejor que los niños se lleven la fruta entera y lavada al colegio, y no cortada

"Si ya están cortados, el melón y la sandía nos pueden durar unos cuatro días en la nevera", añade Robles. Pero también habrá que vigilar que cada vez que los saquemos no estén más tiempo del necesario a temperatura ambiente, y los manipulemos con cuchillos limpios y tablas de madera bien desinfectadas. "No deben estar más de 1-2 horas fuera", insiste la experta. 

Por tanto, no es muy recomendable dar a los niños un táper con fruta cortada para que se la coman en el cole. Beatriz Robles subraya que es mejor que se lleven "la fruta entera y lavada, y en piezas pequeñas que no se tengan que cortar". 

Otro problema que presentan las frutas es que, a diferencia de las carnes y los pescados, no las cocinamos antes de consumir, que es uno de los únicos modos que hay de eliminar los patógenos una vez han contaminado el alimento. Así que, aunque nos llevemos las piezas enteras, hay que lavarlas bien una vez estemos en casa. 

"Se aconseja un buen lavado bajo el grifo, y no utilizar jabones y detergentes", advierte Beatriz Robles. Y desde la web de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) hacen la misma recomendación, e insisten que se haga así aunque vayamos a pelarlas para que "la contaminación no pase del cuchillo al alimento". Además, aconsejan limpiar las frutas de cáscara dura, como melones y sandías, con cepillos específicos, y luego secarlas bien con papel de cocina.   

En el caso de las frutas que vayamos a comer con piel, al igual que con hortalizas de hoja verde o verduras con piel comestible, los expertos de la agencia recomiendan sumergirlas durante 5 minutos en agua potable con 1 cucharita de postre de lejía alimentaria (4,5 ml) por cada 3 litros de agua, y después aclararlas con abundante agua. "La desinfección es fundamental para personas embarazadas, niños muy pequeños y personas inmunodeprimidas, que son los colectivos de más riesgo frente a una intoxicación alimentaria", señala Robles. 

Cuando ya estén bien limpias, toca almacenarlas correctamente. Si no las hemos cortado, pueden estar a temperatura ambiente, pero una vez abiertas siempre deben ir en la nevera. "Mejor guardarlas envueltas en papel film en las estanterías inferiores del refrigerador, que son más frías", dice Lluís Riera. Además, si las conservamos ahí es menos probable que se contaminen con otros alimentos de la nevera.


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