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El 66,5% de los empleados castellanoleoneses recurre a la alimentación emocional por estrés

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En Castilla y León, el 58,5% de los empleados admite que el estrés, la presión laboral y la falta de tiempo los lleva a optar por opciones menos saludables o a saltarse comidas, y un 50,5% señala que la falta de tiempo complica mantener hábitos alimenticios equilibrados. A nivel nacional, este porcentaje es ligeramente más alto, alcanzando el 52,4%.

El 66,5% de los empleados castellanoleoneses recurre a la alimentación emocional por estrés

La alimentación en el entorno laboral se ve fuertemente influida por la presión y el estrés, así como por la falta de tiempo para planificar comidas equilibradas. En Castilla y León, el 66,5% de los empleados recurre a la alimentación emocional para manejar la tensión y la ansiedad durante la jornada, un porcentaje muy similar al 67% registrado a nivel nacional. En cuanto al impacto del estrés y la falta de tiempo en la dieta, la media nacional indica que el 52,4% de los empleados ve afectadas sus elecciones alimenticias. Mientras que en Castilla y León un 58,5% admite optar por opciones menos saludables o saltarse comidas, y un 50,5% señala que la escasez de tiempo dificulta mantener hábitos saludables y provoca improvisación, cifras muy cercanas a la media nacional.

La organización de las comidas también se refleja en el teletrabajo, que se presenta como un aliado para mejorar la alimentación. En Castilla y León, un 48,8% de los empleados asegura que, al trabajar desde casa, ha logrado incrementar el consumo de frutas y verduras y mantener rutinas más equilibradas, frente al 61% registrado a nivel nacional. La diferencia muestra cómo los hábitos pueden variar entre regiones y cómo la organización laboral influye en la salud de los empleados.

Estos datos reflejan la realidad del entorno laboral en Castilla y León y anticipan tendencias similares en el conjunto de España. Durante la presentación del estudio “Hábitos alimentarios en el entorno laboral” elaborado por Cigna Healthcare España, que tenido lugar hoy en el espacio Recinte Modernista Sant Pau en Barcelona, también se ha celebrado el triálogo titulado “Alimenta lo que importa”. 

En este contexto, se ha subrayado que la dieta de los empleados es un factor decisivo para su bienestar físico y emocional, así como una palanca estratégica que repercute en la eficiencia organizativa. Y, es que, una alimentación equilibrada no solo favorece la salud, también refuerza la concentración, la capacidad de afrontar el estrés y el compromiso de los equipos. En este sentido, un 34,2% de los encuestados reconoce explícitamente que una dieta adecuada mejora su concentración y productividad, aunque la percepción general de los propios hábitos es ambivalente, ya que un 51,2% considera que sus hábitos alimentarios en el trabajo son buenos, mientras que un 42,6% admite que todavía tienen margen de mejora.

La organización y el tiempo se consolidan como factores decisivos en la alimentación

Aunque casi la mitad de los encuestados (49,1%) organiza sus comidas con antelación y un 42,2% lleva comida preparada desde casa, el ritmo laboral hace difícil mantener la regularidad y un 53,4% reconoce que su alimentación empeora por esa razón. El problema se acentúa entre los jóvenes de 25 a 34 años, donde alcanza el 63,9%, y entre las mujeres, con un 55,6%. Esta falta de tiempo no solo repercute en la calidad de la dieta, sino también en la energía disponible para afrontar la jornada, lo que puede terminar generando un círculo de cansancio, estrés y, por ende, malas elecciones alimentarias.

Impacto del teletrabajo en los hábitos alimentarios 

El teletrabajo aparece como un factor que puede mejorar los hábitos alimentarios, aunque también plantea ciertos riesgos. La mayoría de quienes lo practican lo valora de forma positiva y un 59,8% afirma que su dieta ha mejorado, además, se observa que el impacto es especialmente alto entre los más jóvenes, con un 62,5% en el grupo de 25 a 34 años y un 64,6% en el de 35 a 44, mientras que en el caso de los mayores de 55 años el porcentaje desciende al 46,1%. La posibilidad de disponer de más tiempo para cocinar y el acceso a una cocina propia durante la jornada laboral explican en gran medida esta mejora. Además, un 35,7% de quienes teletrabajan asegura que planifica siempre sus comidas, aunque todavía un 25,3% admite que improvisa a diario.

Sin embargo, el trabajo en remoto también plantea riesgos. Un 46,5% de las personas que han participado reconoce que desde que teletrabaja pica más entre horas, un hábito que puede favorecer el aumento de peso y el consumo excesivo de calorías si no se acompaña de actividad física. El efecto es aún más acusado entre los menores de 35 años, donde el porcentaje alcanza el 62%. Además, el estudio apunta que el teletrabajo reduce la actividad física global al eliminar los desplazamientos, lo que puede incrementar el riesgo de sedentarismo.