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Desconozco por completo qué cifras puedan mover al año las bajas laborales “ficticias” y, es muy posible, que no existan estudios estadísticos que pudieran proporcionarnos ese dato. En cualquier caso serán cifras importantes inmersas en las globales estadísticas de la Seguridad Social. Lo que, de siempre, se ha denominado “absentismo laboral” no creo que sea demasiado fácil de “desenmascarar” por mucho que se empeñen Mutuas y servicios médicos. Sabemos que no existe, por no inventado aún el “dolorímetro”, sabemos que hay buenísimos actores capaces de simular una depresión, un proceso angustioso o un ataque de pánico que, de ningún modo se podría detectar su sello de “falsedad”. Eso si lo sabemos y también que los médicos de familia y especialistas no andan tan sobrados de tiempo en sus consultas como para investigar y detectar esas fraudulentas conductas. Menstruaciones incapacitantes, ácido en el estómago, colitis rebeldes, mareos de motivación desconocida, estrés estacional, inadaptación en el medio o eso tan manido de la migraña nerviosa, etc. etc. |
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También pudiera ocurrir la ingesta a conciencia de alimentos o bebidas debidamente prohibidas por el facultativo provocando la conocida y archisabida reacción negativa en el organismo y, en consecuencia, la consiguiente baja laboral. Un ejemplo podría ser el alcohol u otras determinadas sustancias o alimentos desencadenantes de afecciones de toda naturaleza.
Pero ¿quién defiende al empresario de toda esa picaresca en ocasiones, tan costosa?
¿Qué organismo podría existir para la detección del fraude? ¿Quién y como podría controlar la conducta del defraudador sin incumplir la ley?
Cuando la evidencia rebosa el vaso, cuando se llega al límite de la paciencia, siempre se puede acudir a un detective privado que recopile pruebas para ser aportadas en el juicio correspondiente aunque sería aconsejable conocer de antemano las tarifas de dichos profesionales y las escasas probabilidades de que dichas pruebas fuesen aceptadas por el Tribunal de lo Social. Es preferible ahorrarse sorpresas. Eso por no hablar de los consabidos “sueldos de trámite” que otras tantas proporcionan.
En unos momentos como los actuales de crisis salvaje, no estaría de más que la administración también contemplase la posibilidad de legislar sobre lo mencionado. Una parcela de “lo laboral” que contiene demasiadas lagunas y sombras en las que se amparan y esconden personajes tan faltos de ética como de conciencia.
Otro aspecto que el empresario debería cuantificar a la hora de elaborar sus escandallos porque caer en manos de ciertos desaprensivos/as le puede llevar a la ruina.
Juan Santamaría
Chef Director del Restaurante Cala Fornells
Tejares, Salamanca
