¿Cuántas veces se ha escuchado o leído que hay que beber esos famosos dos litros de agua al día? Pero, ¿es realmente así? Lo cierto es que no existe una cantidad exacta que sirva para todo el mundo, ya que las necesidades de agua dependen de factores como la edad, la actividad física, la alimentación o la temperatura ambiente.
Entonces, ¿cuánta agua hay que beber realmente?
No hay una cantidad concreta que sirva para todo el mundo. Como referencia, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) establece una ingesta adecuada de 2 litros de agua al día para las mujeres adultas y 2,5 litros para los hombres adultos, pero estas cifras no se refieren únicamente al agua que se bebe directamente.
Pero esas cantidades no significan que haya que beber necesariamente dos o dos litros y medio directamente de un vaso o una botella. También cuentan el agua que aportan otras bebidas y la que está presente en los propios alimentos. Frutas, verduras, sopas o algunos lácteos, por ejemplo, también ayudan a completar la hidratación diaria.
No todas las personas necesitan la misma cantidad
Los dos o dos litros y medio funcionan como una referencia, pero las necesidades cambian dependiendo de las circunstancias. La actividad física, la temperatura ambiente, la alimentación o la cantidad de líquido que se pierde a través del sudor pueden hacer necesario beber más.
Y es precisamente con las altas temperaturas cuando hay que prestar más atención. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda durante episodios de calor beber agua regularmente, alrededor de un vaso cada hora, y alcanzar al menos entre 2 y 3 litros diarios.
El Ministerio de Sanidad insiste en la misma idea: durante los días de mucho calor conviene beber agua y líquidos con frecuencia aunque no se tenga sed, además de evitar el exceso de bebidas alcohólicas, con cafeína o muy azucaradas.

¿Hay que esperar a tener sed?
En condiciones normales, la sed sirve como una señal para recordar que el organismo necesita líquidos. Sin embargo, cuando las temperaturas son elevadas no conviene esperar siempre a que aparezca para beber.
Sanidad recomienda hacerlo de manera frecuente durante los episodios de calor, una indicación especialmente importante para las personas más vulnerables a las altas temperaturas.
Más que cumplir una cifra exacta cada día, lo importante es adaptar el consumo a cada situación, beber con regularidad y mantener el agua como bebida principal.