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Neverismo: ¿todo tiene que ir al frigo?

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Neverismo: ¿todo tiene que ir al frigo?

“Ay, que no sé dónde guardar la cebolla... Bueno, pues a la nevera”. “-¡Mamá! ¿Dónde dejo los tomates? -¿Pues dónde va a ser, hijo? ¡En la nevera!”. Estas frases seguramente les resulten familiares. Normal, ¡si es que la nevera sirve para todo! O al menos, eso es lo que piensa la gran mayoría de españoles, y por ese motivo se está creando una peligrosa moda denominada por algunos como “neverismo”.

Aunque la definición puede resultar evidente, el neverismo está considerado como “la práctica habitual de meter todos los alimentos en la nevera”. Así, sin pensar si será realmente necesario para su conservación. El ejemplo que utilizábamos al principio nos viene al pelo: los tomates.

Es muy frecuente meterlos inmediatamente en el refrigerador después de comprarlos. Lo que no es tan frecuente es meditar las consecuencias que tendrá después: las bajas temperaturas reducen considerablemente su sabor y dañan sus membranas interiores, por lo que adquiere una consistencia pastosa. Vamos, que pierde toda la gracia.

¿Por qué ocurre esto? Por la naturaleza semi-tropical de los tomates. Es por eso que las frutas de origen tropical tampoco son amigas de la nevera: el mango, el aguacate, el plátano… mucho mejor a temperatura ambiente.
 

Ajo, cebolla, pan y patatas, siempre fuera de la nevera

Siguiendo con los ejemplos expuestos al principio, no podía faltar el de la cebolla. Al meterla en la nevera creyendo que aguantará más tiempo, lo que hacemos es favorecer la formación de mohos, igual que ocurre con el ajo. ¿Para qué someterlos a temperaturas tan bajas? Mejor en un lugar seco y oscuro.

Por supuesto, nada de meter el pan en el frigo, a no ser que lo queramos congelar. Prohibidos también productos como el café (se deteriora con la humedad) y la miel (sólo conseguiremos que cristalice). Otra de las víctimas del neverismo suele ser la patata, cuyo almidón se convierte en azúcar a causa del frío. Las patatas, mejor en los lugares cerrados y oscuros con los ajos y las cebollas. 

Como todo en la vida, el neverismo admite algunas excepciones. Por ejemplo, la fruta: cuando las piezas no estén enteras, mejor tirar de frigorífico. O cuando el ajo esté picado, siempre que lo mantengamos en un recipiente cerrado. Y por supuesto, todo tipo de productos perecederos como la carne.

Aún así, abandonar la práctica del neverismo puede ser un asunto complicado. Hay familias habituadas a hacer grandes compras mensuales y, de esa forma, es imposible no acabar usando la nevera para conservar tal cantidad de alimentos (especialmente cuando hace calor). Quizás la solución para salvaguardar su sabor sea acostumbrarse a comprar cantidades más moderadas de comida… o si no, ¡alguno acabará volviendo al método de la fresquera!