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Periódico Digital de Gastronomía y Turismo de Salamanca

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Sábado, 5 de septiembre de 2026

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Mesa redonda Sabores de Pasión: Julio, Pauli, Fran y Carmen comparten sus tradiciones más sabrosas

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Reunimos en nuestras oficinas a cuatro invitados que, cada uno en su contexto, tienen mucho que decir sobre la gastronomía de Cuaresma y Semana Santa. Recuerdos de infancia de los potajes maternos, admiración por nuestras procesiones, ¡torrijas!, limones el viernes santo… De todo esto y de mucho más hablamos con ellos en torno a un café calentito, mientras afuera la lluvia amenaza con empañar nuestra inminente Semana Santa ¡crucemos los dedos!

Mesa redonda Sabores de Pasión: Julio, Pauli, Fran y Carmen comparten sus tradiciones más sabrosas
Los cuatro participantes en la mesa redonda junto a Eva González y Ana Redondo, directora y redactora de Hosteleriasalamanca.es


Descárgate AQUÍ los horarios y recorridos de las procesiones de la Semana Santa en Salamanca 2025


Gastronomía con alma: cuatro voces salmantinas celebran la Semana Santa desde la mesa.

-¿Qué recuerdos de Semana Santa tenéis de vuestra infancia?

Francisco Hernández Mateo (presidente de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Salamanca):

Mis primeros recuerdos están ligados a la familia, esto es una tradición que se lega de generación en generación y cuando era pequeño era obligado ir a ver las procesiones. Especialmente me acuerdo de la procesión del Jueves Santo y del Viernes Santo, y mi primera imagen es la de Jesús Nazareno por la plaza de las Agustinas, que iba con mis abuelos a verla. También el acto de Descendimiento cuando se hacía en el patio Chico a donde me llevaba siempre mi padre. Mi primer contacto directo con la Semana Santa fue en torno a los 8 años, que procesioné con la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños en la Borriquita. Por supuesto, en aquella época los viernes era obligado hacer abstinencia y rezar el rosario en casa de los abuelos, recuerdo que le tenía mucho asco a las espinacas y ahora sin embargo me encanta ir a un restaurante y pedir potaje.

Julio López Revuelta (director de Comunicación de la Junta de Castilla y León y pregonero de la Semana Santa 2025 en Salamanca):

Yo creo que La Borriquilla es un recuerdo que tenemos todos de nuestra infancia, se lo he intentado a inculcar a mi hija, que estaba especialmente interesada en estrenar algo ese día, se ocupaba de recordárnoslo siempre (risas). En mi época era otra cosa porque éramos cuatro hermanos y eso de estrenar era un auténtico lujo. Mi madre, que es una persona muy creyente, respetaba la abstinencia de los viernes, y siempre cocinaba guisos de calidad, no solo el Viernes de Cuaresma sino cualquier día del año ¡y eso se echa de menos!.

Paulina Andrés (cocinera del restaurante Río de la Plata de Salamanca hasta su jubilación):

Para mí son especiales el Nazareno y la Soledad, desde pequeña le pedía a mi madre que me comprara el ‘cucurucho’ para procesionar con Jesús Nazareno. Toda la vida mi familia hemos ido por la calle de la Rúa con el velón con la Virgen de la Soledad, hasta que mi madre un día se puso mala y mi padre dijo que a partir de entonces no volvíamos a ir.  Mi abuela todos los Viernes de Cuaresma, empezando el mismo Miércoles de Ceniza, hacía abstinencia y ayuno, en su casa no se podía comer nada de carne ¡era pecado mortal si no hacías abstinencia el viernes o si el jueves y viernes santo no rezabas el rosario!. A mí me lo enseñaron así de pequeña y lo he mantenido toda la vida. Yo soy muy creyente. Lo que me sorprende es que hoy en día hay clientes que van al Río de la Plata y te piden un potaje de primero ¡y de segundo una paletilla de cordero! Ahora la gente joven come carne tranquilamente cualquier día de Semana Santa, es como en misa ¡que ya no hay niños!

-Pauli además tu potaje es muy especial porque tiene algo que no tiene ningún otro: ¡rellenitos!

¡Chiquititos y bien cociditos! La gente siempre me pedía más rellenitos. También le añado la yema machada del huevo cocido para que espese el caldo y la clara bien picadita ¡y judías verdes!.

- Carmen seguramente tus recuerdos de infancia en Ecuador son algo distintos a los del resto de participantes en esta mesa redonda...

Carmen Seguín (concejala de Festejos y Tradiciones del Ayuntamiento de Salamanca):

La Semana Santa de Ecuador evidentemente bebe de la de España, como sucede en toda Iberoamérica, comparte los valores cristianos pero con sus propias formas de celebrarlo. De mi infancia recuerdo una de las procesiones que se hacían el Jueves Santo entre mi municipio Ambato y otro a varias decenas de kilómetros: Baños de Aguasanta, en la que la gente caminaba de uno a otro durante toda la noche, muchos descalzos o incluso de rodillas, otros fustigándose con látigos. Uno de los platos típicos de Semana Santa en Ecuador se llama Fanesca, cuenta con doce ingredientes en honor a los doce apóstoles, también con bacalao que representa a Jesús y granos típicos de los Andes, es contundente ¡pero muy rico!. Además, como mi padre era gallego siempre elaboraba torrijas ¡que nos encantaban!

-¿Y sobre los dulces de sartén típicos  de esta época que nos comentáis?

Pauli: Yo en Cuaresma siempre he hecho torrijas los viernes y sábados ¡y hay que saber hacerlas bien! Hay gente que las empapa en leche, las congela y ya las reboza y fríe al día siguiente y eso no está bien. La torrija de toda la vida tiene que empaparse en leche infusionada con canela y azúcar, durante unos veinte minutos, para después rebozarlas y directamente a la sartén ¡y espolvorearlas con bien de azúcar!. También hacía pestiños cuando me apetecía, pero pequeñitos para que cojieran más dulzor.

Julio: Es curioso pero la torrija es el único dulce cuaresmal que sobrevive a lo largo de todo el año, hoy en día la encuentras en la carta de postres de cualquier restaurante, sin embargo el resto desaparecen.

¿Cómo veis que viven las nuevas  generaciones la Semana Santa?

Fran: Hay de todo, al final entras en la Semana Santa por alguien que está cerca de ti, si eso no lo tienes arraigado en tu entorno cercano, un primo un amigo por ejemplo, es difícil que entres al mundo de la Semana Santa. Ha cambiado todo mucho, cuando de pequeño iba a ver la procesión de la Seráfica a la Plaza Mayor no se movía ni una mosca, hoy en día la plaza se ha convertido en el centro neurálgico de la ciudad y allí convive hostelería, la tuna, los estudiantes comiendo una hamburguesa… La propia iglesia está en un proceso de secularización, hay falta de gente joven en las iglesias como dice Pauli, pero también es cierto que el mayor movimiento ahora mismo que tienen parroquias e iglesias son las cofradías, los sacerdotes están viendo un acercamiento de la juventud y de las personas en general a la Iglesia a través de las cofradías

Julio: Una tradición tan antigua que además tiene entre sus valores mantener la esencia, los ritos, que se transmite de generación en generación tiene que competir hoy con tantas distracciones y actividades de ocio que entiendo que es difícil, pero sin embargo mi hija se ha hecho cofrade y el otro día en la imposición de medallas había una cantidad de juventud tremenda. Creo que en este proceso debemos participar todos: instituciones públicas, Iglesias y cada uno de nosotros. Si todos remamos en esta dirección esta tradición tan valiosa perdurará, pero para transmitir esa herencia de fe tenemos todos que poner de nuestra parte.

Pauli: El mimbre se doma de tierno, cuando crece ya no lo puedes domar, hay que enseñar a los niños de pequeños.

Fran: El problema viene sobe todo en esa brecha que hay después de la comunión y la adolescencia, ahí se desvinculan de todo ¿cómo podemos atraerlos ahí? Es cierto que la hermandad de Jesús Despojado de la que se ha hecho cofrade la hija de Julio tiene mucho tirón entre la gente joven por ejemplo, hay algo en ella que los atrae y que otras cofradías no tienen. Tenemos que analizarlo y entrar por ahí.

Carmen: Desde luego el entorno del niño influye, pero también hay que incorporar algunas novedades que atraigan a los jóvenes, no negarse a cambiar, por ello el Ayuntamiento va siempre de la mano y confiamos plenamente en la Junta de Semana Santa y en Fran, ellos saben por donde tenemos que ir, como sucede con la iniciativa de la colección de cromos por ejemplo o con la geolocalización de los pasos que estrenamos este año.

De repente Pauli hace una pregunta que muchos salmantinos también se hacen:

-¿Por qué la mitad de las procesiones no pasan ahora por la Plaza Mayor?

Fran: Pues porque la Plaza Mayor se ha convertido en un sitio por el que no tienen que pasar las procesiones. Porque en la Plaza Mayor a lo mejor estás pasando una procesión y está la tuna allí tocando, o están comiendo un bocadillo en el suelo al lado… Y tenemos calles muy, muy, muy bonitas por las que pueden pasar las procesiones. Cuando yo salgo fuera de Salamanca es lo que vendo y les digo: vosotros no tenéis lo que tenemos nosotros. Nosotros tenemos el escenario: Salamanca.

En este momento Fran aprovecha para destacar que la colaboración con el Ayuntamiento es absoluta y añade que también quiere romper una lanza a favor de la Diócesis, de nuestro obispo, porque “ahora mismo Ayuntamiento, Diócesis y Junta de Semana Santa están formando un trinomio que bien coordinados es imparable”.

Julio: Es curioso lo que decís acerca de los cambios. Recuerdo que una de las cosas que nosotros hicimos en nuestra época fue sacar el pregón de la Clerecía y llevarlo al Liceo. Y en eso, el bueno de José Adrián Cornejo, que era el presidente de la Junta de Cofradías y yo, que era el concejal, tuvimos muchísimas dudas.

Pero es que en la Clerecía cada vez iba menos gente. El pregón no se disfrutaba bien porque hacía frío, porque estar una hora y media sentado en esos bancos era complicado. Y decidimos hacer lo que hacían en otras ciudades, ir a un teatro que se está más cómodo y más caliente. Y al final, lo que es la vida, ahora mismo no entenderíamos el pregón desde otro lado. Pero a veces esos cambios, que algunos creen que pervierten la esencia de lo que tenemos que mantener, es justo lo contrario. A veces no hay mayor riesgo que quedarse quietos. Y eso es una reflexión que debe hacer todo el mundo, porque las cosas perduran si evolucionan. Hay cosas que se quedan estáticas y se mueren.

-¿Por qué creéis que nuestra Semana Santa de Salamanca es distinta a las demás? ¿Es única y diferente?

Fran: A ver, tenemos a 60 kilómetros Zamora, y Salamanca no tiene nada que ver con Zamora y Zamora no tiene nada que ver con Salamanca. Salamanca tiene 18 cofradías, tenemos cofradías de corte andaluz, otras súper austeras. Tenemos otras cofradías que como la Universitaria que hace un acto que Televisión Española casi todos los años viene a retransmitirlo porque es único, es un acto que se hace frente a la fachada de la Universidad. Por lo tanto, es un conjunto de cosas que tenemos aquí.. Y tenemos imaginería, que aunque no lo creamos tenemos una imaginería extraordinaria. Zamora, con todos mis respetos, tiene unas imágenes que sí, que serán muy devocionales pero no tienen nada que ver con las imágenes de Salamanca.

Julio: Yo creo que la clave es que hayan ido de la mano toda la vida: no se entendería la Semana Santa sin la ciudad que la enmarca para que todo el mundo la pueda disfrutar. Tenemos una imaginería que como ha dicho Fran viene de la mano de escultores que tienen otras tallas en otras ciudades. Tenemos también advocaciones que son muy similares a las que veneran en otras Semanas Santas. Y aquí nosotros a eso le ponemos un conjunto, le ponemos un escenario que nadie tiene y además un escenario en el que tiene sentido lo que pasa. Eso es lo que le da valor a nuestra Semana Santa y hace que sea única, fuera de aquí no tendría sentido, no se puede cortar y pegar.

Carmen: Yo creo que la Semana Santa en cada sitio de España es un poco como la lengua castellana, cada uno tiene sus acentos, y el acento salmantino creo que tiene la tilde precisamente en el continente,  que le da un marco especial. Además, tenemos dos Salamancas la de día y la de noche, cada una con su magia distintiva y creo que eso es una gran ventaja competitiva que muy difícilmente pueda igualar nadie.

Además de eso hay que destacar el cariño que le ponen las cofradías, hermandades y congregaciones, el trabajo que están haciendo, cómo ensayan, cómo siempre están pensando en mejorar. Es esencial que los veamos como esa parte indivisible.

-Pauli, ¿qué le darías de comer a un cofrade antes de salir a una  procesión larga y fría?

Pauli: Los limones. Yo los he hecho mucho y tenía clientes que siempre me los pedían. El Jueves y Viernes santo de Semana Santa son típicos los limones, que no todo el mundo los prepara igual. A los limones no se les puede echar nunca carne de ternera, los limones no llevan más que chorizo bien curadito, huevo cocido picadito, yema machada, limón y naranja. Limón poco, naranja más y el chorizo muy cortadito y muy fino que esté curado, vino blanco, un buen aceite ¡y no hay más!.

Fran: Es verdad que en torno a ese plato de los limones muchas cofradías se reúnen 3 o 4 días antes, y en esa degustación lo que hacen es congregar a todos los hermanos para estar juntos. Normalmente se elaboran en el entorno de las sedes canónicas o en las sedes sociales y son los propios cofrades los que los hacen.

-¿Y la chocolatada antes de La Borriquilla?

Fran: Hay varias hermandades que lo hacen, y es que en el caso de La Borriquilla es que son casi todo niños. Como tenemos que convocar a los niños mucho antes de que salga la procesión ¿cómo entretienes a los niños? Tienes que jugar con unos tiempos y les pones el chocolate con churros.

-No se si nos podíais dar algunos datos de cifras de  Salamanca, de gente que mueve las procesiones, número de cofrades…

Fran: Nos estamos moviendo en el entorno de 8.500, 9.000, 10.000 aproximadamente. Hay cofradías que tienen más de 2.000 hermanos

Carmen: Es difícil de cuantificar cuánta gente sale en Semana Santa, pero la verdad es que son miles y miles de personas, más todos los visitantes. No se entra por las calles.

En cuanto a los hoteles pensábamos por ejemplo en 2019, antes de la pandemia, que ya habíamos roto todos los récords y que habíamos tocado el techo, y que no íbamos a poder aumentar más. Pero una vez que se levantaron las restricciones, que nos dejaron dos años con las ganas de ver a las cofradías en las calles, aunque en el 21 se pudieron abrir los templos, pero el 22 o el 23 fueron unos años en los que descubrimos que aquel techo que pensábamos que habíamos tocado no era tal, que se podía superar, y vamos superándonos.

El año pasado fue un año malo meteorológicamente hablando, y sin embargo se registró un 80% de ocupación hotelera. Y dentro de ese dato de ocupación hotelera no se incluyen por ejemplo alojamientos turísticos de otro tipo como pueden ser los pisos turísticos, estamos hablando solo de hoteles y hostales. El impacto económico de la Semana Santa es muy importante en restauración, en comercio y en todo.