Un robot submarino busca a las niñas desaparecidas en Tenerife en la zona donde el padre se deshizo de los bultos

Domingo, 30 de Mayo de 2021
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El rastreo ha comenzado en la zona donde se detuvo después de zarpar y creen que pudo haber arrojado los cuerpos de las niñas

El 'Ángeles Alvariño' está equipado con un sonar de barrido lateral y un robot submarino capaz de recuperar objetos en el mar hasta los 2.000 metros de profundidad

El buque oceanográfico 'Ángeles Alvariño', equipado con un sonar de barrido lateral y un robot submarino, ha comenzado este domingo las labores de búsqueda de Anna y Olivia, las niñas desaparecidas en Tenerife junto a su padre, Tomás Gimeno.  

El rastreo ha comenzado en la zona donde la lancha de Tomás Gimeno permaneció casi dos horas, después de cargar seis bultos en su barca, salir a navegar y regresar a la Marina de Santa Cruz. Con un robot y un sonar tratan de identificar algún objeto que pudiera ser compatible con los cuerpos de las menores, desaparecidas el 27 de abril.

Es la zona que ha señalado la señal del teléfono de su padre Tomás Gimeno, que después regresó a puerto. Una patrullera del servicio Marítimo de la Guardia Civil le dio el alto. Los agentes inspeccionaron la lancha y no vieron nada extraño. Pensaron que podría estar relacionado con el narcotráfico. El hombre estaba muy nervioso, según consta en el atestado y las declaraciones de los vigilantes que le vieron.

Este domingo por la mañana, el personal del barco se ha reunido con los investigadores para coordinar las labores de búsqueda. A las 15.00 horas -hora insular-, el buque ha salido de puerto. El principal objetivo es localizar a Olivia y Anna.

Unos 40 minutos después se ha detenido en un punto muy concreto, justo donde Tomas Gimeno se detuvo durante dos horas antes de regresar a puerto la noche en la que desaparecieron las niñas.

Búsqueda en la zona donde permaneció casi dos horas detenido

Sucedió la noche del 27 de abril. Tomás regresaba a la Marina de Santa Cruz de Tenerife a bordo de su lancha. Las cámaras de seguridad le grabaron a las 21:30 horas. Estaba solo. Bajó seis bultos de su coche y los trasportó hasta su lancha. Para ello, tuvo que hacer tres viajes.

Sobre las 23:15 horas, una embarcación del Servicio Marítimo lo vio cuando salía de servicio y al sospechar que pudiera tratarse de una barca relacionada con el narcotráfico los agentes la inspeccionaron, sin encontrar nada sospechoso, aunque percibieron a un Tomás Gimeno muy nervioso. La madre de las pequeñas todavía no había presentado denuncia, ni hubo ningún aviso hasta las ocho de la mañana del día siguiente.

La Guardia Civil le denunció entonces por infringir el toque de queda y le pidieron que amarrase la embarcación. Después fue a una gasolinera cercana para comprar un cargador para su teléfono móvil, regresó al puerto y volvió a salir a navegar. Cinco horas despues los agentes encuentran la barca vacia a la deriva y hallan con restos de sangre del padre que antes no había.

Los investigadores consiguieron determinar el punto en el que Gimeno detuvo el motor y estuvo dos horas sin moverse gracias al análisis de la señal de su teléfono móvil, que aún no ha sido encontrado. Y es ahí donde trabaja ahora el 'Ángeles Alvariño' y donde se cree que su padre pudo tirar a las niñas.

Medios extraordinarios

El buque, operado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO), partió el pasado domingo del puerto de Vigo y su incorporación a la búsqueda de Anna y Olivia fue anunciada por la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, quien esta misma semana subrayó que la investigación "no se para" y continúa con la incorporación de estos medios extraordinarios.

Aunque estaba previsto que comenzase a trabajar este lunes, 24 de mayo, finalmente se retrasó su salida por problemas técnicos. El buque tuvo que hacer escala en Cádiz debido al fuerte temporal.

El 'Ángeles Alvariño' cuenta con un sonar de barrido lateral, un aparato que usa la propagación del sonido bajo el agua para obtener imágenes digitales de la superficie del fondo marino. Las señales acústicas emitidas rebotan en el fondo creando una imagen del mismo.

Sus aplicaciones más comunes incluyen la cartografía detallada de comunidades de los fondos marinos, localización de tuberías, viaductos o cables y la búsqueda de objetos o yacimientos arqueológicos sumergidos, entre otros.

El buque también dispone de un robot submarino, el ROV Liropus 2000, propiedad del Instituto Español de Oceanografía, capaz de recuperar objetos en el mar hasta los 2.000 metros de profundidad. Equipado con siete cámaras, puede recorrer el fondo marino, enviar imágenes en directo e incluso recoger muestras.

Fuente: niusdiario.es


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