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Este verano durante mis vacaciones he tenido mucho tiempo para leer: revistas de decoración (una de mis grandes pasiones), la impecable e intensa Apicius y alguna que otra lectura gastronómica ligera, como "Saber Comer: 64 reglas para aprender a comer bien", al que por cierto le he encontrado algún que otro "pero". También me he reencontrado con "La cocina al desnudo" del ya fallecido Santi Santamaría, un libro que como seguramente sabréis causó gran revuelo allá por el 2008. |
La lectura generó al chef numerosas enemistades en el gremio, pues hubo cocineros que expresaron públicamente su desacuerdo ante sus polémicas reflexiones acerca de la utilización de aditivos en la cocina molecular.
Igualmente tengo que confesar que he devorado "Cincuenta sombras de Grey", la novela erótica que han leído millones de mujeres en todo el mundo y que -¿por qué no admitirlo?- ha aportando aire fresco a su vida sexual. Mientras paseaba por las orillas de playas españolas como Benidorm, Ibiza o Marina d'Or - sí, soy consciente de que mi ruta estival este año ha sido un tanto ecléctica- admiraba con sorpresa cómo alemanas, británicas, italianas y francesas leían el mismo libro y con el mismo desenfreno que servidora. En fin, todo un fenómeno mundial que recomiendo a féminas y a valientes varones.
Además de leer, otra cosa que se suele hacer -y mucho- en vacaciones es comer, parece mentira lo que uno puede llegar a engullir en esos esperados días de asueto ¡y el hambre que se tiene!. No sé si será la playa, el estado de despreocupación al que se llega o la maldita humedad, el caso es que uno espera ansiosamente cada festín y mientras tanto imagina cuál será el protagonista del próximo banquete: ¿un arroz con bogavante? ¿unos fresquísimos boquerones a la plancha? ¿pasta? ¿o quizás una contundente parrillada de carne a la brasa?.
En mis vacaciones he descubierto que hay cosas que no había probado que me encantan, por ejemplo los cócteles con champán acompañados de crema de cassis (grosella negra) o de fruta de la pasión... ¡deliciosos!. También me he percatado de que adoro la sangría de vino blanco, con frutas troceadas, licor de melocotón y un toque de brandy, aunque lamentablemente sus devastadores efectos sobre mi psique me aconsejan mantenerla alejada de mi dieta. Otro "brebaje" nuevo, que me ha ayudado a aguantar las largas noches de fiesta ibicenca, es uno de los nuevos sabores que ha lanzado al mercado la marca de bebida energética Burn, el de Moka, un trago cremoso -con 35% de leche según reza la lata- y suave sabor a café.
Mis vacaciones también saben a fruta fresca; uvas, ciruelas y melocotones me han ayudado a matar el hambre entre horas, porque aunque uno se tupe en las principales comidas del día -¡qué triste es reconocerlo!-, sigue sintiendo ese condenado "gusanillo" una vez pasadas dos horas tras la última ingestión. Saben también a sushi, del que he dado buena cuenta en los numerosos chiringuitos chill out que escondían las playas de la isla balear, alguno especialmente mágico como La Escollera, perdido junto a una playa nudista ubicada a unos cuantos kilómetros al oeste de la capital.
La guinda al pastel vacacional la puso un sencillo bocadillo de pechuga empanada, que compartí mientras un sol rojizo se posaba sobre las aguas del Mediterráneo. Ese bocadillo a pesar de su humildad nos supo a gloria, pues fue el colofón de una maravillosa jornada en la isla de Formentera. Y es que en ocasiones no solo cuenta la rigurosa elaboración, la exclusividad o el "pedigrí" de lo que uno come, sino que prevalece el atrezzo, lo que compone la escena: una puesta de sol, un paisaje... Y por supuesto prevalece la compañía, y en eso tengo la satisfacción garantizada.
Eva González Hernández
Directora de Hosteleriasalamanca.es
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