Del durian a la fruta del dragón: un viaje por las frutas exóticas que triunfan en redes
Algunas llaman la atención por su tamaño, otras por sus colores y unas pocas incluso por su intenso olor. Las frutas exóticas han encontrado en las redes sociales un escaparate perfecto para despertar curiosidad y animar a descubrir sabores que todavía resultan poco habituales en España.
Probar una fruta desconocida delante de la cámara se ha convertido casi en un género propio en TikTok, Instagram o YouTube. Formas imposibles, colores intensos, texturas inesperadas y, en algunos casos, olores difíciles de olvidar convierten a estas frutas en protagonistas perfectas para vídeos de primeras reacciones. De hecho, algunas variedades poco habituales han ganado visibilidad precisamente gracias a este tipo de contenidos.
Pero más allá de lo llamativas que resultan, muchas siguen siendo grandes desconocidas para buena parte del público. ¿A qué sabe realmente un jackfruit? ¿Cómo se abre un rambután? ¿Y por qué el durian provoca reacciones tan extremas?
Jackfruit o yaca
Es una de las frutas que más llama la atención por su tamaño y por la cantidad de pulpa que esconde en su interior. Cuando está madura tiene un sabor dulce y tropical que recuerda a una mezcla de plátano, mango y piña. Cuando está verde, en cambio, su sabor es mucho más neutro y su textura fibrosa ha hecho que se utilice incluso como alternativa vegetal a carnes deshilachadas.
Para comerla madura hay que abrirla, retirar las partes fibrosas y extraer los gajos amarillos que rodean las semillas.

Pitahaya o fruta del dragón
Probablemente sea una de las más reconocibles en redes por su piel rosa intensa y sus escamas verdes. Su interior puede ser blanco, rojo o morado, siempre salpicado de pequeñas semillas negras.
A pesar de su apariencia espectacular, su sabor es bastante suave, ligeramente dulce y con notas que pueden recordar al kiwi y a la pera. Para comerla basta con cortarla por la mitad y retirar la pulpa con una cuchara, aunque también puede añadirse a batidos, ensaladas o postres.

Rambután
Su aspecto parece casi sacado de una película: una pequeña fruta rojiza cubierta de prolongaciones blandas que parecen pelos.
Al abrirla aparece una pulpa blanca y jugosa, similar a la del lichi, con un sabor dulce y ligeramente floral. Se pela con las manos o realizando un pequeño corte en la piel y se consume la pulpa, evitando la semilla central.

Mangostán
Bajo una cáscara gruesa de color morado se esconden varios gajos blancos que recuerdan visualmente a los de una mandarina.
Su sabor es uno de los motivos por los que resulta tan apreciado: dulce, delicado y ligeramente ácido, con una textura muy jugosa. Para probarlo se abre la cáscara y se comen directamente los gajos interiores.

Kiwano
También conocido como melón africano con cuernos, posiblemente sea una de las frutas más sorprendentes a primera vista. Su piel naranja está cubierta de pequeñas protuberancias puntiagudas y su interior es completamente verde y gelatinoso.
Se suele cortar por la mitad y comer la pulpa con una cuchara. Su sabor es fresco y suave, con recuerdos que pueden acercarse al pepino, el kiwi o el plátano, dependiendo de su grado de maduración.

Carambola
Su particularidad se descubre al cortarla: cada rodaja forma una estrella casi perfecta.
Tiene una textura crujiente y jugosa y un sabor que combina notas dulces y ácidas. A diferencia de muchas de estas frutas, puede consumirse con la piel, simplemente lavándola y cortándola en rodajas.

Durian
Si hay una fruta capaz de dividir opiniones, es esta. El durian es famoso por su olor extremadamente intenso, hasta el punto de que existen restricciones para introducirlo en determinados espacios del sudeste asiático.
Precisamente ese olor ha convertido las pruebas de durian en contenido habitual de redes sociales, donde las primeras reacciones suelen ser parte del espectáculo.
Una vez abierto, el interior contiene una pulpa amarillenta y cremosa. Su sabor es difícil de comparar: combina notas dulces con otras más intensas y saladas, y suele generar opiniones radicalmente opuestas.

Salak o fruta de la serpiente
Su nombre resulta fácil de entender al verla. Está cubierta por una piel marrón formada por pequeñas escamas que recuerdan a las de una serpiente.
Una vez retirada la piel aparecen varios gajos de pulpa clara y firme. Su textura es más crujiente que jugosa y combina sabores dulces y ácidos, en ocasiones con notas que recuerdan a la manzana.

No todas son fáciles de encontrar en cualquier supermercado, pero tiendas especializadas y comercios de fruta tropical han ampliado mucho la variedad disponible. Y las redes sociales han ayudado a despertar la curiosidad por productos que hasta hace relativamente poco eran desconocidos para muchos consumidores españoles.
Parte del atractivo está precisamente en eso: abrir algo que nunca hemos visto, descubrir qué esconde por dentro y comprobar si su sabor está a la altura de su apariencia.
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